Stella

De visita en el extranjero, Juan la vio por primera vez mientras esperaba el turno para almorzar en el bar de un restorán, preguntó y le dijeron que era belga. En medio de un ambiente tan inspirador de luces tenues y música suave, le llamaron la atención su esbeltez, su atuendo verde casi transparente, sus adornos, esos atributos le provocaron tantos deseos de poseerla que no paró hasta hacerla suya.  

Años después, se enteró de que aquella rubia de la que entonces quedó prendado andaba por Cuba, la buscó por todas partes, pero no tuvo suerte. Un buen día la encontró de casualidad, aunque ya no parecía tan esbelta como cuando le causó tanta ilusión. Estaba más bajita y robusta y su vestimenta era menos vistosa, de todos modos, pasó otro buen rato con ella.

Ayer le pareció verla en una cafetería y al mencionar su nombre la vendedora le dijo que ya se había agotado. Pidió una Cristal y también se había acabado. Terminó tomando Bucanero, que es mulatica, más fuerte y al final le alegra la vida como la Stella Artois.    

Por cierto, alguien pudiera explicar ¿por qué la cerveza extranjera por la que el importador paga un arancel sobre del precio de importación en Cuba cuesta lo mismo o menos que una de producción nacional?  

6 de diciembre de 2024

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