Operación gorgojo
Nicolás es un viejito achacoso,
buen amigo de una familia de tres músicos que residen en el mismo edificio.
Las medidas tomadas por el
gobierno de Trump para reforzar el bloqueo y la inclusión de Cuba en la lista de
países patrocinadores del terrorismo, todas vigentes durante el gobierno de Biden, unidas al incremento de precios de materias primas y alimentos en el mercado mundial y la lenta recuperación
de la llegada de turistas han provocado, entre otros problemas, una gran
escasez de productos y una inflación descontrolada en el país. Producto de esta
situación, existen personas inescrupulosas que se dedican al comercio ilícito y
ganan en pocas horas mucho más que lo que obtendrían laborando todo el día.
También hay jubilados como Nicolás, que compensan su insuficiente pensión revendiendo
a mayores precios ron, cigarros, y otros productos que no consumen y compran eventualmente
en el mercado controlado.
En una ocasión sus amigos músicos
partieron a una gira por el extranjero y dejaron a Nicolás encargado de velar
por el inmueble y de comprarles y guardarles en la despensa o la nevera los
productos normados que se venden a precios subsidiados y se anotan en la
libreta de abastecimientos y, a cambio de ello, consumir el pan, los huevos y la mitad de los cárnicos de su cuota mensual.
La gira inicialmente programada
para 45 días se extendió hasta tres meses y el viejo Nicolás, aunque los
extrañaba, estaba muy feliz porque había reducido sus gastos en alimentos. Cuando
los artistas regresaron, encontraron el apartamento y los víveres en buen
estado, excepto que alrededor de 60 libras de arroz guardadas en una tanqueta
plástica estaban invadidas de gorgojos.
Nicolás fue a visitarlos poco
después de su llegada y durante la conversación se enteró de que pretendían
tirar a la basura el arroz contaminado y adquirir en el mercado liberado la
cantidad necesaria para cubrir el mes a un precio mucho mayor, gasto que podían
asumir cambiando divisas que cobraron en el extranjero. Ni corto ni perezoso,
Nicolás logró que la señora de la casa le cediera el arroz contaminado,
pretextando alimentar un puerquito y varias gallinas de un pariente que vive en
las afueras de la ciudad, pero con la intención de reciclarlo y venderlo
después de eliminar los bichos del arroz.
Antes de iniciar la ¨Operación gorgojo¨, Nicolás consultó la
Wikipedia y conoció que en los campos sembrados la hembra del gorgojo hace un
huequito en los granos de arroz, pone los huevos y después de un período de
incubación sale el bichito, crece y se alimenta de estos. Si pasa mucho tiempo,
nace, crece, se aparea dentro del envase y se repite el ciclo. Para combatir
esta plaga se fumigan los campos, almacenes y buques que transportan el grano.
No encontró evidencias escritas de
que el arroz contaminado de gorgojos produjera enfermedades, al contrario leyó
que su posterior cocción elimina cualquier residuo de hongos o mohos, por eso
en la mayoría de los hogares cubanos los bichos que pudieran aparecer esporádicamente
y los restos de la fumigación se eliminan lavando bien el arroz antes de
cocinarlo. Incluso, algunas personas bromean diciendo que cualquier gorgojo
muerto que haya quedado dentro del arroz cocinado, es una buena fuente de
proteínas.
Los habitantes del primer mundo, acostumbrados
a las estrictas normas de higiene de los alimentos que en ellos rigen se
escandalizarían al conocer lo anterior, pero los cubanos de menores ingresos se
atienen al dicho popular que reza: lo que no mata, engorda.
Aplicando el método de aprender
haciendo, Nicolás comprobó que la ¨desgorgogización¨ del arroz por métodos
artesanales requiere de mucha paciencia.
Para hacer salir los gorgojos expuso
el envase al sol. No le quedó claro si salen porque no soportan el intenso calor,
porque son adoradores de Ra o van en busca de un nuevo hábitat, pero inmediatamente
los más aptos comienzan a trepar por las paredes del envase, después bajan y si
no se les captura a tiempo, siguen su lento caminar hace otros lugares. Para
evitar que fueran hacia el interior de algún mueble u oquedad donde esconderse
y anidarse, puso el envase contaminado en el fregadero del patio y tiraba al
agua los gorgojos que iban saliendo, los que morían ahogados de inmediato. Se preguntó: ¿tendrán pulmones los gorgojos o
son alérgicos al agua?
Para encontrar y extraer los bichos
muertos, los remolones y los nonatos que aún quedaban dentro del arroz, fue pasando
porciones del grano en tandas pequeñas hacia un pozuelo de color blanco y los iba sacando con los dedos, tirándolos al
agua.
Como los gorgojos son de color
negro, los podía distinguir perfectamente en medio de los granos de arroz, ya
que el fondo y las paredes de la vasija eran blancas, pero después se dio cuenta
de que los granos de apariencia gris contenían bichos que les nacieron y
crecieron dentro. Para su mejor detección utilizó una vasija de plástico
transparente, que al sostenerla en el aire sobre el reflejo del sol en el suelo
le permitía observar fácilmente cuales granos contenían larvas, al igual que
hace un médico observando una radiografía frente a una caja de luz. Muchos de estos
granos contaminados se pulverizan de solo apretarlos.
Después de muchas horas de
paciente trabajo, Nicolás dejó todo el arroz libre de bichos y en días
posteriores fue vendiendo el arroz a consumidores de otros barrios. Con este
emprendimiento ganó una cantidad de dinero que le permitió pagar la reparación
del colchón en el que duerme, que por tener varios muelles partidos y faltarle relleno,
le tenía la espalda destrozada.
Contento por el éxito en esa labor,
Nicolás se creyó el rey del reciclaje y atormentó a unos amigos explicándole el
procedimiento que había utilizado para la eliminación de los gorgojos. Uno de
estos es un bromista incorregible y en lugar de elogiarlo, terminó burlándose
de él y lo apodó ¨Mister Gorgojo¨, mote por el que en lo adelante fue más conocido
en el barrio que por su nombre propio. En Cuba, el choteo crece más rápido que
los gorgojos y no te puedes ¨poner para que te den¨, porque ¨te trajinan¨.
19 de Noviembre de 2023
Comentarios
Publicar un comentario