La búsqueda de la
sentencia
La localización y obtención de documentos
oficiales resulta problemática para cualquier ciudadano y en estos tiempos en
que los trámites jurídicos se han incrementado exponencialmente se han
convertido en un verdadero dolor de cabeza.
Juan se casó en 1965 y después de
12 años de matrimonio le ocurrió como dice la canción: se le rompió el amor, de
tanto usarlo. Tramitó el divorció en un Bufete Colectivo, que años después se
convirtió en Bufete Internacional y operaba en divisas.
Posteriormente sostuvo relaciones
amorosas informales de mediana y corta data, hasta que en 2023 encontró una
mujer algo más joven y la ha ido tan bien que decidió formalizar matrimonio con
ella para pasar el resto de su vejez acompañado y feliz. Para casarse de nuevo
debe presentar ante notario la sentencia de divorcio y como no la había
conservado, tuvo que dedicarse a localizar el documento, 46 años después. Como
un detective privado, se lanzó a la ¨búsqueda¨
de la sentencia.
Aunque no es nativo digital,
gracias a algunas habilidades adquiridas en los últimos años, Juan accedió
mediante su teléfono móvil a la página web del MINJUS para solicitar la certificación
del divorcio, pero debía teclear los números del tomo y el folio del registro, datos
que él desconocía. Recordó que años antes, al solicitar una certificación
literal de nacimiento en su municipio solo aparecía reflejada la fecha del
matrimonio al margen del registro, pero el divorcio no estaba anotado, al
parecer porque la sentencia de divorcio nunca llegó a manos del registrador.
Considerando las enormes colas y demoras que se producen en las oficinas del
Registro Civil desechó utilizar esa vía para certificar su condición de
divorciado.
Habló con una amiga que estuvo en
gestiones similares para que le aconsejara a donde debía dirigirse y esta le
explicó que como el divorcio se había presentado ante un bufete que ya no
existía, era más razonable solicitar copia de la sentencia en el tribunal
municipal que dirimió la distribución de bienes al extinguirse el matrimonio.
Esperanzado, se presentó al día
siguiente en las oficinas del tribunal, había unas diez personas sentadas en el
portal, uno de ellos le indicó que preguntara al policía que actuaba de
recepcionista sobre el trámite que deseaba hacer. Al entrar a la recepción el
policía le entregó un modelito para llenar los datos requeridos para localizar
la sentencia.
Salió al portal y preguntó quién
era el último en la cola para ¨Solicitar¨, había tres personas delante. Un
señor sentado a su lado le informó que tuvo una situación similar y había
podido hallar el número de expediente de su divorcio en el bufete colectivo
ubicado al doblar la esquina, donde se conservan algunos libros de casos
tramitados por el bufete extinguido. En menos de media hora pudo pasar a una
oficina donde una amable joven sentada frente a una computadora le recogió sus
datos personales y, a falta de otras referencias, la fecha en la que firmó el acta
del divorcio en el bufete colectivo, ella le dijo que volviera mañana.
Esa noche durmió plácidamente soñando que gracias a la informatización
de los registros el documento que necesitaba había sido localizado. Pero de eso nada, al
día siguiente, al explicar que desconocía el número de expediente de su
divorcio, un empleado muy amable lo llevó ante un octogenario de pocas palabras
quién sin más explicación le trajo el grueso libro de los divorcios procesados
desde 1975 a 1998. Viendo otras personas revisando los libros, se percató de
que la búsqueda la hace el propio interesado leyendo hoja por hoja, entonces
pensó: ¿si no tienen los datos de los casos de antaño en la computadora, por qué
no hice esta búsqueda ayer mismo y me hicieron regresar hoy?
Estuvo dos
horas revisando el viejo y maltratado libro llenado a mano, buscando desde la
fecha en que solicitó el divorcio hasta tres meses después. Encontró una hoja
cortada al rente en la que solo se podía leer la primera letra de cada nombre
de los ex cónyuges: j y a, que coinciden con las de sus nombres, entonces le pidió
al encargado que buscara los expedientes 1043 y 1047 y, desgraciadamente, no
eran su caso. Repitió la misma búsqueda en el libro de sentencias y no tuvo
éxito.
Como Juan es
un tipo persistente y resiliente, fue por la tarde al bufete cercano al
tribunal y la recepcionista le puso al habla con una empleada, que aparte de
sus labores habituales, dedica algo de su tiempo a escudriñar esos viejos
libros, le dio las referencias para la búsqueda y ella quedó en llamarlo por
teléfono si localizaba los datos. A las dos horas lo llamó a la casa y cuando
Juan regresó a verla, la empleada le entregó un papel con la fecha del
divorcio, el número de expediente del tribunal y el número de la sentencia. ¡Bingo! Juan se puso tan feliz que le
regaló cien pesos por su labor no tan extraoficial.
Al día
siguiente regresó al tribunal y tuvo que ponerse de nuevo en la cola para
¨solicitar¨, esta vez había pocas personas, esperó unos quince minutos y lo
atendió la misma empleada, que anotó su nombre y apellidos, el número de
identidad permanente y el número del expediente del divorcio y le preguntó
cuántos ejemplares de la sentencia necesitaba. Al escuchar esto a Juan le
volvieron las alas al corazón, pensó que buscarían e imprimirían la sentencia en
ese momento, pero de nuevo se le cayeron cuando la empleada le dijo: venga a
buscarla dentro de veinte días. Triste, pero esperanzado, meditó que a pesar de
las dificultades narradas, había tenido suerte porque si en lugar de necesitar
el documento para casarse en el país, tuviera que entregarlo a un bufete para
certificarlo en el MINREX antes de presentarlo en otro país, la espera sería mucho
mayor.
A pesar de los
esfuerzos realizados y las estrategias trazadas en el sector, existe mucho retraso
en materia de informatización de registros jurídicos, prueba de ello son los
numerosos casos como el antes relatado en que para localizar los documentos
debe acudirse al anticuado y lento proceder de ir leyendo los libros pacientemente,
hoja por hoja, y una vez hallados, usar las computadoras para reescribirlos e
imprimirlos.
Se impone
avanzar con rapidez en la prevista transformación digital de los registros
públicos, de modo que con solo teclear el número de identidad permanente o los
nombres y apellidos de un ciudadano en una computadora, se acceda a su historia
de vida y a los documentos que se requieran. ¿Cuánto tiempo ahorrarían los
ciudadanos que hoy dedican tiempo a la búsqueda de documentos exigidos para
trámites legales y que podrían invertir en producir más o prestar más servicios
o en cosas más útiles y placenteras?
En paralelo con
la transformación digital se debería continuar revisando algunas exigencias que
aún se mantienen sobre la presentación de documentos, impresos o no, que dan fe
del cumplimiento de determinados requerimientos previos, por ejemplo, el
certificado de no adeudo con el banco para vender una vivienda permutada
previamente e inscrita en el registro de la propiedad.
26 de
noviembre de 2024
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