¿Se extinguirá el choteo criollo?
Humor o humorismo se definen por el Diccionario de la Lengua Española
como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado
cómico, risueño o ridículo de las cosas. Por otra parte chotear, significa hacer mofa, burlarse o desacreditar a una
persona o una cosa; el choteo es una especie de humorismo sin propósito
moralizante, más bien burlesco, que utiliza como arma fundamental la
ridiculización. En su ¨Indagación del
Choteo¨, Jorge Mañach asevera: ¨…A veces,
el choteo tiene verdadera gracia: nos descubre lo objetivo visible que había
pasado inadvertido a los observadores más intensos o de mejor agilidad mental¨.
Con el paso del tiempo, en Cuba el hecho de chotear adoptó otros nombres, en el
siglo XX también se le llamó ¨armar un bonche¨, más recientemente ¨dar cuero¨ es
decir, fustigar con palabras. En los planos escolares, últimamente se ha
adoptado el anglicismo ¨booling¨ para referirse no solo a la simple burla de
que son objeto determinados alumnos por sus condiscípulos, atendiendo a
determinadas características físicas, sicológicas o familiares- gorditos,
debiluchos, consentidos- sino también cuando pasa de simple mofa a la agresión física o sicológica
continuada entre algunos de estos y que de no atenderse a tiempo, pueden
conducir al bajo rendimiento o la
deserción escolar y, en casos extremos, al suicidio de los agredidos. Antes
resultaban muy desagradables las ¨novatadas¨ de que eran objeto en algunas
escuelas de nivel medio los jóvenes que comenzaban el curso escolar a manos de
los alumnos más antiguos -les cortaban el cabello a tijeretazos, les rompían o pintaban
la ropa-, estas muy atinadamente fueron prohibidas al triunfo de la Revolución.
En tiempos pasados
para muchos de los cubanos era común ser partícipe del ¨choteo criollo¨, su
primera manifestación a nivel familiar y comunitario era la imposición de
apodos a niños y adolescentes por familiares o amigos, aparte de los nombres
afectivos más bien cariñosos con que les nombraban sus padres y hermanos. En
San Antonio de los Baños, renombrada en 1979 como Villa del Humor por ser cuna
de caricaturistas y humoristas famosos, al igual que en muchos poblados del
país existían tantos apodos que pudieran recogerse en varios volúmenes. Muchas personas eran y son aún más
conocidas en esos lugares por su apodo que por sus nombres y apellidos o por el
nombre propio o afectivo más el apodo, un caso de estos inspiró el estribillo
de una canción que por entonces se trasmitía por la radio, que repetía: ¨Pepe Cabecita¨
y se mofaba de un hombre cabezón.
El "choteo" cubano, surgido en medio de la sociedad colonial se reflejaba
también en la literatura, ciertos escritores en sus obras destacaron el sentido
cómico de muchos sucesos de la vida. En el teatro, el
argumento de los bufos
cubanos, versión criolla de lo burlesco, ridiculizaba determinadas situaciones.
Las críticas y burlas contra la autoridad colonial española y posteriormente contra
los politiqueros durante la pseudorepública provocaron que varios de esos espectáculos
fueran prohibidos por las autoridades. En el teatro bufo cubano
fue muy común la presencia del negrito como personaje pintoresco, este se
caracterizaba por ser un pícaro que generalmente ridiculizaba a su contraparte,
el gallego, al que se representaba como avaro y un poco bruto. El tercer
personaje era la mulata, coqueta y muy avispada que también solía aprovecharse
del gallego, y a quien tanto el negrito como el gallego cortejaban.
En las competencias
de canto que se realizaban en los guateques campesinos se empleaban
frecuentemente versos improvisados para burlarse del contrincante, que pueden
considerarse otra muestra ¨culta¨ del
choteo criollo. En la televisión alcanzaron gran popularidad las controversias
de este tipo realizadas por Adolfo Alfonso y Justo Vega, grandes cultores del
punto cubano o guajiro.
La anécdota o el
chiste de salón fueron empleados profusamente en el siglo XX para animar las
conversaciones entre adultos en las bodas,
fiestas de cumpleaños u otras celebraciones. Estos también se usaban por los menos allegados al
occiso en los velorios, con la intención de aflojar el ambiente tenso de esos
eventos. Algunos aficionados a contar
anécdotas las repetían de memoria en todas las reuniones a las que asistían, aquellos
a los que las fallaba la mente las llevaban anotadas en una libretica y de esa
forma mantenían su protagonismo histriónico, claro que sin llegar al extremo de
lo narrado en aquél cuento muy conocido sobre unos locos que para abreviar sus
reuniones habían numerado las anécdotas que todos se sabían y se echaban a reír
solo con mencionar el número del
siguiente. En esos tiempos el choteo tenía como blanco
principal la procedencia étnica, el lugar de nacimiento, el género femenino,
los defectos físicos y mentales o las preferencias sexuales de algunas personas,
los personajes más denostados en esas anécdotas eran los borrachos,
gallegos, chinos, locos, homosexuales y ¨tarrudos¨. Eran muy repetidos los
chistes en los que un niño pícaro y mordaz llamado Pepito se veía involucrado
en conversaciones propias de mayores sobre asuntos de sexo utilizando un
lenguaje procaz. Esos chistes picantes y bastante fuertes eran conocidos popularmente
como ¨cuentos de relajo¨.
Aunque el cubano en
la medida que ha incrementado su nivel de instrucción y cultural se ha hecho
más responsable y serio y un poco más respetuoso, no ha perdido el sentido del
humor, que en cierta medida es un antídoto contra la tristeza y le ayuda a
sobreponerse a las adversidades de la vida. Llama la atención de muchos extranjeros
que nos visitan que los cubanos nos reímos de nuestras propias dificultades, por
eso son de la preferencia popular los espectáculos teatrales y programas
televisivos de corte humorístico y dentro de la música no han perdido preeminencia
la guaracha, las parodias y el uso del doble sentido en los textos. A partir de
la exitosa experiencia anterior del Conjunto Nacional de Espectáculos, en la
década de los años 80 del siglo pasado varios colectivos de estudiantes
universitarios con vocación artística o literaria crearon grupos humorísticos cuyos
guiones se caracterizaban por mostrar un humor inteligente e ingenioso que
reflejaba el quehacer del cubano y se presentaban en universidades, teatros,
centros de trabajo, festivales y concursos, que hoy se organizan por el Centro
Promotor del Humor y otras instituciones culturales.
El choteo ha sido prácticamente eliminado de los programas televisivos, radiales y en las obras de teatro ante la intransigencia de los
asesores que aprueban y censuran los guiones. A veces se
utilizan pequeñas dosis de choteo como por ejemplo, las constantes ironías que
utiliza el personaje de Chacón con Pánfilo en el programa televisivo ¨Vivir del Cuento¨ para burlarse de las
penurias del viejo jubilado y resaltar su propia bonanza económica, pero son
chispazos que aderezan el humor y resaltan contrastes de la sociedad actual.
A fines del pasado siglo
aparecieron y se extendieron dentro del imaginario y el anecdotario popular personajes
como el ¨pinareño¨, sujeto de numerosos chistes que continúan siendo utilizados peyorativamente por humoristas en
centros nocturnos y fiestas de centros de trabajo junto a otros temas clásicos
¨enlatados¨. Un pequeña parte de estos humoristas son criticados públicamente porque
para provocar la risa han adoptado como desagradable ¨modus operandi¨ burlarse de
los espectadores por su aspecto, vestimenta, lugar o país de origen.
Algunas personas
aseguran que las anécdotas que se narran sobre situaciones absurdas en que los
pinareños se han visto involucrados han sido inventados por ellos mismos para
hacer reír, me consta que muchos habitantes de esa región son expertos en
repetir cuentos que contienen mentiras y
exageraciones como el que narra la historia de un chofer que para cumplir a
tiempo la tarea encomendada condujo un ómnibus desde la ciudad de Pinar del Río
hasta Viñales, en marcha atrás, loma arriba y por la carretera llena de curvas,
porque no le entraban las demás velocidades. En honor a la verdad, los
pinareños, aparte de que son muy trabajadores e inteligentes, son simpáticos, no
tienen un pelo de tontos y ven más allá de sus narices. Eso no quita que entre
ellos pudiera haber un tonto, como en cualquier parte.
Todos recordamos la
burla de que fueron objeto con la anécdota que narra la aparición de un cartel frente
a un teatro de la capital provincial para divulgar el primer concierto de la
Orquesta Sinfónica Nacional, que tenía escrito en grandes letras: ¨A bailar y
gozar con la Sinfónica Nacional¨. Los que tuvieron la oportunidad de asistir al
teatro o ver por televisión recientemente el concierto que inauguró el Premio
¨Cubadisco 2018¨, en el que la sinfónica interpretó numerosas piezas bailables
de Juan Formell y Adalberto Alvarez
pudieron apreciar como una parte del público e incluso algunos integrantes de
la orquesta se contoneaban siguiendo los ritmos de la timba, el son y la rumba.
Entonces, en honor a la verdad, no repitan más la referida anécdota porque ha
quedado demostrado que también se puede bailar con la música de la orquesta
sinfónica, el autor del tan
criticado cartel, simplemente se antecedió
a su época.
En las fiestas
familiares los chistes más tradicionales han sido sustituidos por narraciones
improvisadas sobre hechos simpáticos de la vida real en que se ven involucradas
personas conocidas o algunos de los propios asistentes, que terminan siendo
fustigados cariñosamente por el ¨cuero¨ de los demás presentes. Las personas
muy serias, acomplejadas o como se dice popularmente los que tienen poca
¨tabla¨, prefieren no participar de esas conversaciones o se escabullen a la
primera oportunidad. Este tipo de choteo es muy frecuente entre técnicos
medios, obreros calificados o trabajadores de servicios en pequeños talleres o
establecimientos en los que peso de las
labores es mayoritariamente manual y requieren poca concentración; por regla general
esa distracción no afecta los ritmos o resultados del trabajo o es causa de
accidentes laborales, aunque puede resultar molesta a determinados usuarios
presentes.
El escritor holguinero
Manuel García Verdecia en su prólogo del libro ¨El Guayabero- Rey del Doble
Sentido de Zenobio Hernández Pavón, escribe: ¨El cubano
es hijo de pícaros. Fueron estos los que supieron enfrentar el drama de la
España decadente de fines del siglo XVI para sobrevivir. Muchos se dispararon a
estos territorios como posibilidad de vida. Picardía ha usado el cubano para
salir de apuros en los peores momentos y para reírse de imperfecciones y
dilemas. Está en nuestro ser¨.
La anterior
aseveración parece explicar por qué el humorismo no desaparecerá entre los
cubanos y dentro de este, el ¨choteo¨ espontáneo seguirá formando parte de su
comportamiento, aunque cambie de forma, contenido y de lugar. Eso sí: en la
casa, el trabajo o en la escuela ¨no escupan para arriba¨, nunca se debe emplear
el choteo con los padres o abuelos, sus superiores o maestros, a ellos hay que
respetarlos, además, educadores al fin, terminarían castigándolos.
Ahora que la novela
erótica se publica sin restricciones e incluso recibe premios en concursos en nuestro
país a la par de la más tradicional, ninguna persona mojigata o remilgada se
debiera escandalizar si algún bromista, emulando al Guayabero, insinúa pero no
dice nada incorrecto al recitar en una
reunión de amigos el siguiente verso:
Ya lo
dijo Juan Sarmiento,
al
salir del hospital;
si
tienes malo el aliento,
no debieras
molestarte,
cuando
no quieran besarte,
y alguien
te dice: lo siento,
padeces de exceso
oral.
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