La naturaleza se rebela
Como si no bastara
con los numerosos problemas económicos y sociales que afectan a una buena parte
de los habitantes de nuestro planeta, en las últimas décadas los desastres
naturales se manifiestan con mayor crudeza. Los científicos explican que la
fuerza cada vez más destructiva de los ciclones tropicales se debe al
calentamiento global provocado por la excesiva emisión de gases a la atmósfera.
Todo parece indicar que la naturaleza hace tiempo viene rebelándose ante el
afán del hombre moderno por vivir mejor unido al desmedido interés de los
poderosos por enriquecerse aún más. La comprensión de que la sobreexplotación
de determinados recursos energéticos estaba conduciendo al mundo al punto de ¨no
retorno¨ llevó a la firma por 198 países en abril de 2016 del Acuerdo
de París dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio
Climático, que establece medidas para la reducción de las emisiones de Gases de
Efecto Invernadero. Desgraciadamente dicho acuerdo fue rechazado
por los Estados Unidos de América al asumir la presidencia Donald Trump,
utilizando argumentos politiqueros y ultranacionalistas que reclaman el derecho
del país más contaminador del mundo a seguir haciéndolo.
Hace algunas
semanas se anunció la presencia de la tormenta tropical Kirk en aguas lejanas
al Arco de las Antillas, esta trajo bastantes lluvias a las pequeñas islas de
su extremo sur, pero al penetrar en el Caribe oriental perdió fuerza y nombre
propio y se convirtió en una simple área de nublados. Aunque se le consideraba
bastante ¨degradado¨, sospechando de sus malas intenciones, los meteorólogos
cubanos no lo perdieron de vista. De pronto, emulando a los ¨transformers¨ de los animados japoneses
o a los jugadores de dominó que permanecen ¨agachados¨
para no revelar sus mejores fichas, al avanzar más al oeste resurgió de sus
húmedas cenizas como la tormenta tropical llamada Michael y rápidamente se convirtió en huracán. De nada
valieron los buenos deseos de muchos cubanos para que tuviéramos un poco de
tranquilidad con el clima, después de soportar fenómenos similares a principios
de este año y en los anteriores. Aquello de ser la ¨Llave del Golfo¨ tiene
ventajas desde el punto de vista del comercio internacional y el turismo, pero
nuestra ubicación en el mar Caribe en este mundo tan contaminado nos trae estos
riesgos. Al pasar cerca del territorio nacional, sus fuertes vientos y lluvias provocaron
afectaciones al servicio eléctrico, inundaciones y algunos derrumbes de
viviendas en mal estado en la Isla de la Juventud, Pinar del Río y en menor
medida a las provincias cercanas. Las autoridades de esos territorios a fuerza
de golpes de la naturaleza han adquirido amplia experiencia en lidiar con esos
fenómenos y tomaron las medidas necesarias para la protección de la población y
los bienes y una vez más, trabajan para la rápida recuperación de lo dañado.
No obstante los
acuerdos internacionales mencionados, poco se ha avanzado por parte de los gobiernos
de los países desarrollados causantes de la ¨deuda ecológica¨ para reducir los
gases de efecto invernadero. Por eso los que vivimos en países pequeños,
subdesarrollados e insulares no tenemos más alternativa que prepararnos para
reducir las afectaciones que el calentamiento global continuará provocando,
aunque ello nos distraiga de otras importantes tareas de la vida cotidiana
y de los esfuerzos imprescindibles para el
desarrollo del país.
El 10 de octubre el
huracán Michael penetró con categoría 4 por el extremo occidental del estado de
La Florida, la fuerza de sus vientos y las abundantes lluvias acompañantes es
probable que causen víctimas y grandes destrozos materiales. Esperemos que los desastres
provocados por los dos ciclones sucesivos que en estos dos últimos meses han
penetrado en el territorio de los Estados Unidos hagan que sus gobernantes
recapaciten acerca de la necesidad de tomar medidas excepcionales para mitigar
el cambio climático.
Los movimientos
telúricos (terremotos, temblores de tierra) que se están repitiendo últimamente
en determinadas zonas del planeta se consideran inevitables y se explican por características
propias en su formación, es decir por la existencia de fallas de la corteza
terrestre, la fricción en el borde de las placas tectónicas o procesos
volcánicos. Solo en determinados casos se achacan a las acciones de sus propios
habitantes: explosiones nucleares, el fracking e incluso, a la construcción de
grandes embalses.
Mientras que en
Bayamo se preparaban numerosas actividades para conmemorar el 150 aniversario
del inicio de nuestras guerras independentistas y coincidiendo con el paso del
ciclón Michael por aguas cercanas a Cuba, un terremoto surgido en el noroeste
de Haití se sintió en toda la zona oriental de Cuba. Esperemos que no pase de
ahí y que la placa tectónica cercana a ese territorio no se alborote como muestra
de simpatía. Con estos eventos simultáneos ocurriendo en ambos extremos del
país cualquier supersticioso pensaría que, hablando en términos artilleros, la
naturaleza nos está ¨colimando¨.
Ojalá no aparezcan
otros fenómenos naturales en los meses venideros, ya bastante tenemos con la
persistencia del bloqueo imperialista y de las afectaciones a los cultivos por
el cambio climático. No obstante, la demostrada capacidad de resistencia de
nuestro pueblo y la preparación de las instituciones y de la propia población
para la Defensa han demostrado ser escudos morales y organizativos que nos permiten
sobreponernos de todas las adversidades naturales y agresiones.
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