Vivir en un garaje, si no queda más remedio


Algunas decenas de años después de fundada la ciudad de La Habana se construyeron  a su alrededor murallas, fortalezas y torreones para contrarrestar el ataque y el saqueo frecuente que realizaban piratas y corsarios y proteger la flota española que fondeaba en su bahía. Al crecer la población y desaparecer la piratería y el corso, la urbanización se extendió ¨extramuros¨, las clases pudientes fueron las primeras en abandonar sus antiguos predios y mudarse sucesivamente a nuevas mansiones, primero en las barriadas del Cerro y Jesús del Monte y a fines del siglo XIX al más moderno Vedado. A medida que fueron abandonadas por los más ricos, muchas de las antiguas edificaciones fueron subdivididas para arrendarlas a personas de pocos recursos, creándose las denominadas "cuarterías", "ciudadelas", "casas de vecindad" y "solares", constituidas por una sola habitación sin baño ni otra comodidad, teniendo los inquilinos  que utilizar baños y lavaderos colectivos. Conozco una anciana que siendo niña en los años 40 residía en lo que fuera la antigua cochera de una vieja mansión y sus padres pagaban una módica mensualidad por el alquiler y acceso a la luz eléctrica hasta las 10 p.m. Después de esa hora, en pleno siglo XX, se alumbraban con velas. Todavía viven miles de personas en ciudadelas, algunas han sido remodeladas o reparadas por los gobiernos locales.

A mediados de ese siglo, al construirse algunos edificios para oficinas y mansiones se habilitó un pequeño espacio para que el encargado del inmueble estuviera las 24 horas del día disponible para atender las labores de mantenimiento y limpieza y pudiera alojar a su familia. Este local generalmente se encontraba en un sótano, un garage o en la parte trasera del edificio y se accedía al mismo de forma independientemente de la entrada principal. 

Para beneficiar a la mayoría de la población que era víctima de la especulación del alquiler de las viviendas, que podía alcanzar hasta un 40 % de los ingresos familiares, en 1959 el Gobierno Revolucionario decretó la prohibición de los desahucios y rebajó el precio de los alquileres entre un 50 y un 30 %, según el monto de su importe mensual. Además  transformó la Lotería Nacional en  el Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas (INAV) para a través de la venta de billetes de lotería obtener fondos con que dar solución al problema de la vivienda, de esta forma en pocos años se construyeron miles de apartamentos en nuevas urbanizaciones.    
 
En octubre de 1960, se promulgó la Ley de Reforma Urbana, que ordenó expropiar los inmuebles dedicados al alquiler y estableció que todos los que ocupaban una vivienda urbana adquirían el derecho de amortizar el precio de la misma, convirtiéndose de inquilinos en propietarios por el mismo pago mensual y hasta un precio que la ley fijó en consideración a la fecha de construcción del inmueble. Una vez abonado el importe de su vivienda a los inquilinos se les extendía el certificado de propiedad, pero como la habían adquirido a precios no lucrativos, para evitar la especulación les estaba prohibido alquilarla o venderla, solamente se les autorizaba a permutarla con otro propietario, previa autorización de la Dirección de la Vivienda del municipio. Si todos los inquilinos fallecían o abandonaban el país definitivamente,  la vivienda pasaba a los fondos del Estado y podía ser asignada a alguna entidad u otras personas necesitadas previa decisión administrativa.

La propia Ley estableció que los pequeños propietarios de inmuebles que obtenían sus únicos ingresos del arrendamiento de sus propiedades recibirían el importe íntegro de sus anteriores alquileres hasta completar el precio de venta. Además se fijó una pensión consistente en una renta mensual vitalicia que garantizaba la satisfacción de sus necesidades cuando se les terminara de abonar el valor del inmueble. En algunas casas, al emigrar sus dueños o inquilinos, los garages o  partes de ellos fueron convertidos en pequeñas viviendas parecidos a los ¨efficiency appartments¨ que  se alquilan en la Florida a una sola persona.

Al promulgarse la referida Ley las cuarterías o solares  fueron expropiados sin que sus propietarios recibieran cantidad alguna en concepto de precio o indemnización y a sus inquilinos se les concedió el usufructo gratuito vitalicio, pero no se les consideraba propietarios.

En 1962 se prohibieron los juegos ilícitos y la lotería, desapareció el INAV y la construcción de viviendas pasó a ser responsabilidad de otras instituciones estatales, para las viviendas que se entregaban se estableció un pago a plazos no mayor del 10 % de los ingresos del titular.

En los años siguientes se construyeron miles de viviendas, no solo en las ciudades, también en las zonas agropecuarias de desarrollo. Para incrementar la cantidad de trabajadores construyendo se creó el movimiento de microbrigadas, integrado principalmente por personas que necesitaban vivienda y podían participar en su construcción, se efectuaban movilizaciones de voluntarios en horario extralaboral para realizar labores auxiliares en las obras, pero no se llegó a cubrir las necesidades de una población que se había duplicado.

Desde inicios de los años 90, la crisis creada por la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista europeo conllevó la brusca disminución del nivel de vida de los cubanos, Se redujo grandemente la producción de materiales de construcción por ser gran consumidora de portadores energéticos y al interrumpirse la construcción, mantenimiento y reparación de viviendas durante un largo período, antiguos edificios de viviendas se fueron derrumbando o resultaron inhabitables y sus inquilinos tuvieron que ser  trasladados a albergues colectivos mientras aparecía una mejor solución. Con la creación de las tiendas de recuperación de divisas y la pérdida del valor adquisitivo del peso cubano  apareció la corrupción de algunos funcionarios estatales que autorizaban o tramitaban la compra venta de viviendas a precios de mercado negro, disimulada como su permuta o donación.

Para evitar esos hechos de corrupción administrativa, en 2015 se autorizó la libre compra venta de inmuebles entre personas naturales, que a partir de ese momento  se convirtió en un lucrativo negocio pues muchos de los que con anterioridad adquirieron sus viviendas a menores precios ahora podían venderlas a altos montos en el mercado deficitario. Entonces una buena parte de los que habían recibido el usufructo gratuito y tenían sus documentos en regla decidieron pagar el valor del espacio que ocupaban con la esperanza de venderlo posteriormente y comprar una vivienda en mejores condiciones. Además se establecieron las normas jurídicas que permiten el alquiler de habitaciones y viviendas por particulares. En paralelo, se incrementó la construcción y reparación de viviendas o adaptación de edificios y locales públicos por parte del Estado para su entrega a personas que viven albergados y a algunos profesionales o funcionarios cuyo servicio público resulta vital, pero el ritmo de construcción aún resulta insuficiente, según estadísticas oficiales en 2016 se concluyeron unas 22 mil en todo el país, de ellas, en La Habana solo 2533.  En años recientes se  incrementó la producción de materiales para la construcción o reparación de viviendas por medios propios, se decidió la concesión masiva de créditos a particulares para construir y se estableció la aprobación de subsidios estatales con ese fin a las familias de menos recursos.
Veamos ahora algunos casos que reflejan situaciones peculiares con respecto a la vivienda. Desde la terminación de un edificio de viviendas en el Vedado habanero a inicios de los años 50, el que fungía como encargado y su esposa disponían de una habitación de 15 m2  anexa a la cisterna de agua del edificio y una pequeña sala comedor. Ahí criaron sus tres hijos, dos de los cuales se casaron y fueron a vivir con sus esposas. Fuera de la vivienda y a la vista de los vecinos propietarios de vehículos  que entraban y salían del garaje utilizaban un pequeño baño, una cocinita y un fregadero. Disponían de agua corriente durante 12 horas diarias directamente del acueducto, la necesaria para el resto del día la tomaban a cubos de un tanque que rellenaban diariamente, porque el diseño original del edificio no contempló que les llegara agua de los tanques del edificio, a pesar de que el encargado participó como obrero en su construcción. Las pocas ventanas del local están a la altura del piso del pasillo exterior del edificio y permanecían cerradas de noche para evitar la entrada de insectos y roedores, cualquiera puede imaginarse el calor que deberían sentir encuevados en pleno verano y lo  molesto que resulta vivir dentro de un garaje recibiendo gases emitidos por los vehículos, el ruido de los motores a cualquier hora del día, noche y madrugada y el polvo que baja desde la calle, pero eran personas de pocos recursos y baja autoestima que se resignaron a su mala suerte y nada hicieron para salir de esa situación. Al fallecer todos sus inquilinos el local se quedó vacío durante varios años en espera de su reasignación a otras personas.
Hace unos meses ese local le fue asignado por el gobierno municipal a un matrimonio proveniente de un albergue municipal que tienen una hija de unos 4 años y otra adolescente, que debido a su minusvalía no puede caminar grandes distancias por lo que estudia como interna en una escuela secundaria especial y va a su casa en un  ómnibus escolar a pasar el fin de semana. El esposo trabaja como cocinero en una instalación turística y ha podido invertir poco a poco parte de sus ingresos en la reparación y acondicionamiento del local. Lo primero que hicieron fue poner una pared para encerrar el baño y la cocina dentro de la  vivienda y tener más privacidad, resanar todas las paredes para eliminar la humedad,  cambiar la instalación eléctrica e hidráulica, se mudaron para el local pero todavía trabajan en la albañilería interior y crean condiciones para poner un tanque de agua elevado en un pasillo lateral del edificio para tener agua las 24 horas del día. Para atenuar el calor en el dormitorio instalaron un acondicionador de aire tipo Split. Esta solución es fruto de la combinación de una asistencia social humanitaria que data de hace 60 años, con los resultados del trabajo en un sector priorizado de desarrollo del país donde los ingresos son mucho más altos que  la media de la población. Han mejorado su situación anterior, pero a la larga viven dentro de un garaje.
En el tercer piso del mismo edificio hay un apartamento que requiere una costosa reparación, sus inquilinos no tienen dinero suficiente para hacerlo y como desean adquirir a cambio dos apartamentos para separarse, están pidiendo una astronómica cifra por venderlo. En el apartamento contiguo vivían dos hermanos ancianos, uno de los cuales falleció, como era el propietario testó a nombre de su hija que vive en el extranjero y esta no ha podido sacar al sobreviviente del apartamento para venderlo porque sigue vigente la prohibición del desahucio. Solo podría solucionarse la cuestión si al sobreviviente le ofrecieran otra vivienda donde residir o falleciera.
Casos como estos podemos encontrar por miles, pero la solución para la gran mayoría de la población que no dispone de recursos para comprar una vivienda al contado y a precios del mercado actual es incrementar la construcción y recuperación de todas las viviendas que sea posible, manteniendo vigente la política de adquisición a plazos y con bajos intereses para las construidas por el Estado y los créditos o subsidios para la construcción por esfuerzo propio. La aplicación de esta combinación de opciones ha permitido dar un gran impulso a la recuperación de las viviendas y demás edificaciones destruidas o afectadas por los ciclones que han pasado por amplias regiones del país en los últimos tres años.

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