Mi parque
Vivir frente o cerca de un parque
tiene más ventajas que inconvenientes. Los parques, si tienen bancos donde
sentarse y están bien cuidados, son lugares muy útiles y socorridos para los
pobladores, que pueden recrearse
contemplando la belleza de las flores y plantas, disfrutar de un aire más puro y de la sombra de los
árboles cuando el sol cae de plano sobre la ciudad o contemplar las estrellas
por la noche. A ellos acuden muchos niños y jóvenes buscando esparcimiento y
las parejas para enamorarse, desgraciadamente también son lugares de encuentro
de algunos bebedores de ron barato que por su aspecto y actitudes resultan
molestos a los demás.
He habitado la mayor parte de mi
vida frente a un parque, aunque no siempre el mismo. Cuando niño y adolescente
mi familia residía frente al parque central del pueblo donde nací, en su centro
está ubicado un busto en homenaje a nuestro
Héroe Nacional José Martí, al que se le
rinde tributo con flores e inspirados discursos durante las fechas patrias u
otros acontecimientos importantes. No
tenía árboles frondosos, solo algunas palmas reales y grandes jardineras con
flores y plantas ornamentales. Allí jugué beisbol con pelotas preparadas con
cajetillas de cigarros, que en aquella época eran de cartulina, al taco con
palos de escoba y corchos, monté bicicleta y patines, de aquellos que por
apretarlos fuertemente rompían los zapatos por la punta y que de tanto usarlos,
a cada rato soltaban una rueda e íbamos a parar de forma aparatosa y a gran
velocidad al piso, produciéndonos laceraciones en brazos y piernas; entonces no
existían los patines lineales plásticos. Los domingos al atardecer el parque
era lugar frecuentado por los jóvenes que se paraban a ver cruzar los grupos de
muchachas elegantemente vestidas, que paseaban hacia arriba y abajo por la
calle Real y cruzaban por allí, costumbre que facilitó el contacto y
enamoramiento previo al surgimiento de muchos noviazgos y matrimonios y que
desapareció con el paso del tiempo o por la introducción masiva de televisores
soviéticos en los hogares. Me trae recuerdos muy gratos y cierta nostalgia pensar
en aquella época.
Hace un poco más de 40 años mi
familia, incluido yo, nos mudamos para un apartamento en un edificio ubicado frente a
un bello parque en el Vedado habanero. En él se pueden ver temprano en la
mañana personas haciendo ejercicios, dándole la vuelta caminando o corriendo; tres
veces a la semana varias decenas de personas de la tercera edad realizan
ejercicios de Tai Chi. Algunos jóvenes practican mini fútbol por las tardes
y los fines de semana acuden a jugar
muchos niños pequeños acompañados de sus familiares. Una vez a la semana se
realiza una peña espontánea a la que acuden los amantes del beisbol y como es
un lugar atractivo, últimamente con cierta frecuencia casas productoras
nacionales o extranjeras realizan la grabación de videos y documentales. Al
parque también acuden personas a pasear sus perros, que por descuido de sus amos
no siempre hacen sus necesidades en el césped y prefieren dejar su huella
ecológica en el área de paso de los peatones. En Cuba no existe como en países
desarrollados ninguna disposición que obligue a los dueños de canes a recoger
sus excrementos de la vía pública ni prosperidad suficiente para garantizar el
suministro estable de guantes o bolsas plásticas o de dinero para que todos
puedan adquirirlos.
Hace unos quince años fue
colocada en el parque una escultura en homenaje al compositor progresista inglés e integrante de los
Beatles John Lennon, por ello este se ha convertido en lugar de visita obligada
de cuanto turista extranjero pasea por la ciudad, estos llegan en almendrones
convertibles y cocotaxis, en bicicleta o en coches tirado por caballos. Es una
pena que frente a lugar tan concurrido hace bastante tiempo existan dos casas
sin terminar de demoler o comenzar a reconstruir y una casa de vecindad en
bastante mal estado que son lugares constantemente fotografiados por los
turistas, ojalá esas edificaciones sean
incluidas entre las obras a realizar antes de noviembre de 2019, fecha
que se celebra el 500 aniversario de la ciudad de La Habana.
Otros inconvenientes de vivir frente a un parque como el mío ocurren
cuando este se utiliza para actividades no relacionadas con la recreación de
los vecinos, por ejemplo durante varios días a la semana como terminal de
salida y llegada del transporte que conducen los turistas nacionales hacia y
desde las instalaciones del campismo popular, los que desde temprano esperan
por la llegada de los ómnibus y a los que no se les asegura el acceso a
servicios sanitarios ni techo para guarecerse cuando llueve y por eso en
ocasiones provocan molestias a los vecinos.
El otro problema es que algunos sábados en el año el espacio del parque
se emplea para ubicar los quioscos y camiones cargados de productos durante la
realización de ferias de productos agropecuarios e industriales de amplio
consumo y desde la madrugada hasta fines de la tarde se producen bastantes ruidos
y mucha aglomeración de público, pero la ventaja de tener al alcance de la mano
una variada oferta de productos supera con creces dichas molestias.
Desde hace pocos años algunos
parques son utilizados para concentrar el servicio Wi-Fi de internet y correo
electrónico y como son bastante concurridos, la cantidad de bancos resultan
insuficientes y a los clientes de ese servicio se les ve sentados en los
contenes o de pie mirando la cámara y hablando con sus familiares y amigos, en
una especie de enorme locutorio sin paredes, bastante indiscreto por cierto. A
pesar de las ventajas que pudieran traerles, muchos de mis vecinos apuestan porque
no instalen ese servicio en nuestro parque pues debido a la aglomeración de
público que ello conlleva y la frecuente presencia de turistas lo transformaría
en una especie de Torre de Babel.
Para evitar que las ramas de los
viejos álamos, ficus, flamboyanes y jagüeyes
plantados alrededor del parque tropiecen con los cables de las líneas eléctricas y produzcan interrupciones,
brigadas de la Empresa Eléctrica
realizan esporádicamente podas salvajes que atentan contra la belleza del
parque y reducen el área de sombra. Por otra parte las raíces de algunos
árboles, en ocasiones se introducen en las viejas conductoras de agua y
alcantarillado y cada cierto tiempo producen interrupciones a la entrada de
agua de los edificios que lo rodean, la tupición de las conductoras de
albañales y la rotura del piso del parque.
Los parques son áreas públicas y
de acceso gratuito a los pobladores de las ciudades, por suerte no tienen
propietarios, aunque las administraciones locales son responsables de su
mantenimiento y deciden cuales actividades sociales se pueden realizar en estos.
Muchas de estas dificultades que se
presentan son planteadas por algunos vecinos en las asambleas de rendición de
cuentas del delegado de la circunscripción que se efectúan periódicamente, para
que se les busque solución.
A
pesar de todos los pesares y con un sano sentido de pertenencia, al parque
frente al que resido le llamo cariñosamente mi parque. Para cualquier persona no hay nada más
reconfortante que asomarse a una ventana de su casa y ver el amplio espacio de
vegetación que rodea un parque y el bello cielo azul de mi país.
Comentarios
Publicar un comentario