Los enigmas del agua

En 1936 se hizo famosa en el lomerío de Pinar del Río Antoñica Izquierdo, una campesina que se atribuía poderes curativos por medio del agua, su historia fue rememorada muchos años después por la película  cubana ¨Los Días del Agua¨ dirigida por el cineasta Manuel Octavio Gómez. A mediados del siglo XX alcanzó celebridad en el programa de Radio ¨Pon Tu Pensamiento en Mí¨ un cantor y repentista llamado Miguel Alfonso Pozo, más conocido como Clavelito, que sin proponérselo fue precursor de los experimentos para obtener agua magnetizada porque en uno de sus cantos recomendaba poner un vaso con agua encima del receptor de radio para alejar los males. No le podemos achacar al apellido del cantor su inclinación mística por el agua pues esa creencia ya existía y aún continúa extendida en muchos hogares de nuestro país, prueba de ello es que durante las campañas anti Aedes Aegipty,  una de las primeras cosas que les preguntan a los residentes de las viviendas los inspectores que intentan descubrir criaderos de mosquitos, es si en la casa tienen vasos espirituales, porque estos pueden ser reservorios de sus huevos o larvas.
Aunque ese  precioso líquido no tenga propiedades curativas o no sea garante de buenos augurios, no cabe duda de que resulta imprescindible para la existencia de las plantas, los animales y los seres humanos. El hallazgo de agua en otros planetas se ha convertido en una obsesión para los investigadores del cosmos pues resulta condición indispensable para asentar en ellos colectivos humanos.
En materia de lluvias la naturaleza está cada vez más errática y pasa de un extremo a otro en corto tiempo, después de tres  años de intensa sequía, en una buena parte del país ocurrieron abundantes precipitaciones en el período  tradicionalmente seco. Además, desde la llegada de la primavera de 2018 las lluvias han sobrepasado las medias históricas, como resultado de lo cual muchas represas alcanzaron su máxima capacidad y fue necesario poner a aliviar sus aguas para evitar males peores. Para colmo, días antes de comenzar la temporada ciclónica se formó una tormenta subtropical al noreste de Yucatán que ha prolongado las lluvias por más de una semana, provocando el desborde de ríos, arroyos, inundaciones, derrumbes de casas, evacuación de pobladores e interrupción de carreteras y  caminos, fundamentalmente  en la región central del país. Bien podría decirse que en el mes de mayo, al menos en el occidente y el centro, casi todos han sido  ¨días del agua¨.    
Hace unos 40 años un especialista soviético  de visita en nuestro país me preguntó que cuántos días de sol había en Cuba, y yo recordando aquel proverbio que dice: ¨No hay sábado sin sol ni domingo sin mañana¨, le contesté: ¨todos¨. No sé si alguien lleva esa cuenta, pero seguramente me equivoqué porque en este mes, al menos en La Habana, no se vio aparecer el sol desde  hace varios días y la humedad reinante es tan  grande que ya tengo ¨complejo de rana¨.
No obstante los inconvenientes que puede traer el exceso de lluvias, consuela saber que en períodos venideros la gran cantidad de agua embalsada en todo el país deberá contribuir a alcanzar mayores cosechas de arroz, caña y otros cultivos  y a mantener un mejor suministro de agua potable a la población.  
Sin embargo, mientras la lluvia abundaba, en el edificio donde vivo,  a principios de mes, de buenas a primeras, se redujo mucho el caudal de agua que entraba a la cisterna y como consecuencia de ello los vecinos nos vimos precisados, mientras aparecía la solución, a sustituir el baño en la ducha por el mas rudimentario empleo de un cubo y un jarrito, desechar el uso de las lavadoras automáticas y en su lugar hacer la paloma manualmente, pues la poca cantidad de agua que entraba por las tuberías y la  frecuencia semanal con que la Empresa Aguas de La Habana nos enviaba el carro cisterna mientras se determinaban las causas de la obstrucción, nos obligaron a tomar medidas extremas de ahorro. Tan abrumado llegué a sentirme con la escasez de agua potable que mucho lamenté no disponer de varios tinajones camagüeyanos o un aljibe para recoger el agua de lluvia y aliviar las insatisfechas  necesidades hogareñas.
Después de tres semanas de comenzada nuestra crisis acuática, la referida empresa nos envió un camión dotado de motobomba para intentar eliminar con agua a presión una posible tupición en la tubería que entra al edificio, pero con ese proceder apenas aumentó el flujo del líquido. El operario del equipo, sospechando que sus raíces estuvieran obstruyendo la acometida del edificio, recomendó que derribáramos un almácigo de unos 4 metros de altura que hace varios años un entusiasta vecino de origen campesino, pensando que hacía una gran contribución al ornato de la cuadra, sembró en el parterre encima de donde pasa la acometida de agua. De la demolición del árbol con un hacha se ocupó un joven vecino, mientras que otros intervinieron en cortar las raíces, recoger  los trozos y hojas caídas. Gracias a ello, se pudo eliminar el efecto que el peso del árbol y la opresión que algunas raíces ejercían sobre la manguera plástica y de inmediato el agua comenzó a fluir con la presión acostumbrada. La manguera rajada por dos partes fue remendada con un trozo de cámara de neumático para evitar que continuara el derrame de agua, hasta que llegara algún trabajador de esa empresa para sustituir la parte rota.  Hace dos años sucedió una interrupción similar por raíces de árboles en el edificio contiguo y los inquilinos estuvieron cerca de dos meses en una situación similar.
En tiempos pasados cuando se planeó la disposición física de barrios residenciales como el Vedado, Santos Suárez, Miramar, Siboney y otros de La Habana, para lograr mayor calidad de vida y belleza del área, se decidió que entre las calles y las aceras se ubicaran parterres que, al igual que los parques, rápidamente se poblaron de flores y árboles de gran porte, embellecen el ambiente y dan sombra al transeúnte. No se sabe si entonces se pensó cuánto costaría al presupuesto municipal o a los propietarios de edificios y viviendas pagar el trabajo de mantenimiento de esas áreas verdes pero en poco tiempo se sembraron miles de álamos, ficus, jagüeyes y ocujes.  Los árboles crecieron, no se realizaron podas sistemáticas y decenas de años después sus ramas comenzaron a tropezar con las líneas eléctricas y telefónicas, produciendo interrupciones en estas, además sus raíces con el paso del tiempo levantan las aceras y el piso de los parques, obstruyen las conductoras de agua y del alcantarillado que pasan cerca por debajo de las calles.
La decisión original de sembrar árboles que a la larga se vuelven muy frondosos,  en zonas cercanas a las tuberías soterradas y líneas aéreas, ha traído  muchos inconvenientes en el presente. La Empresa Eléctrica se ha visto obligada a realizar podas frecuentes para evitar que las ramas de los árboles tropiecen con las líneas de distribución de la electricidad. Pero ello no evita que cuando pasan huracanes cerca o por la ciudad, la caída de árboles y ramas cause destrozos en las líneas y postes y sea necesaria la movilización de numerosas cuadrillas de linieros trabajando varias semanas para su restablecimiento, de cientos de trabajadores, decenas de camiones, cargadores  y grúas para recoger los árboles, ramas u hojas caídas y reestablecer el servicio eléctrico, lo que implica paralizar otras obras y servicios. Por su parte, los operarios de mantenimiento del acueducto no dan abasto para atender las quejas que reciben diariamente y reestablecer tuberías obstruidas por diversas razones.
Recientemente se dio a conocer por la prensa que se han reforzado y equipado varias brigadas de trabajadores para atender y embellecer las áreas verdes en los parques y retirar árboles enfermos en peligro de caerse, de solicitarlo algún ciudadano. Pero ello no es suficiente, es necesario establecer regulaciones por las autoridades provinciales vinculadas con el ornato de la ciudad sobre qué tipo de árboles conservar y sembrar, sustituir aquellos que crecen desmesuradamente cerca de las líneas aéreas y soterradas por plantas ornamentales, arbustos o árboles más pequeños y posteriormente controlar que los pobladores, empresas e instituciones las respeten. De lo contrario nos pasaremos la vida invirtiendo recursos en podar grandes árboles, reparar aceras, líneas  eléctricas, telefónicas  y tuberías rotas o interrumpidas.  
El último domingo del mes amaneció lloviendo y después de tres horas sin parar hizo un alto que aproveché para tirar la bolsa de basura doméstica en el contenedor de la esquina y comprarle la prensa al vendedor ambulante que pasó pregonando. Al mediodía el cielo estaba casi despejado, el ansiado sol brillaba, por lo que pensé que como la tormenta había escalado el Golfo de Méjico por el oeste de la Florida, al alejarse pararía de llover y volveríamos a la tan ansiada normalidad. Sin embargo, al día siguiente llovió toda la mañana y comencé a sospechar que el agua contenida en tantos vasos espirituales que abundan por ahí, en lugar de un proceder homeopático mediante el cual lo similar se contrarresta con lo similar, podría estar produciendo  el efecto contrario, es decir invocando al cielo para que enviara más lluvia. Se me ocurrió probar que podría suceder haciendo lo contrario: puse en un lugar visible en la sala de mi casa una mesita con un vaso de cristal vacío y ¡Eureka!, alrededor de las 2 de la tarde dejó de llover en los alrededores. Poco duró mi felicidad porque al día siguiente comprobé que esa improvisada hechicería, como el perfume barato, no tiene buen fijador porque el martes, de nuevo amaneció lloviendo.  Entonces decidí esperar pacientemente a que la naturaleza por sí sola torciera su rumbo, confiando en que al final se cumpliría lo apuntado por un conocido refrán: ¨Siempre que llueve escampa¨, ¡pero a qué precio!

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