La piel (1)
Esta no es
una reseña del libro homónimo de Curzio Malaparte, que contrariamente a su
título, trata sobre cómo al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en la
destruida ciudad de Nápoles, la miseria existente obligaba a las madres a aceptar
que sus hijas se dedicaran al comercio sexual con los soldados estadounidenses ocupantes,
gracias a lo cual la familia salvaba su propia piel. Lo que aquí pretendo
es reflexionar sobre las dolencias que últimamente padece mi piel, como el relato es un poco extenso, para no
aburrir al lector lo publicaré por partes.
Si consultamos
a Wikipedia conoceremos que ¨La piel
puede sufrir de distintas enfermedades, denominadas dermatitis. …. Dentro del
deterioro de la piel está lo que se llama el envejecimiento cutáneo prematuro
debido a factores internos, como no llevar una dieta equilibrada en vitaminas y
externos como el Sol. El deterioro de la piel que se produce por causas
naturales se presenta en forma de arrugas.¨
Las
lesiones de la piel por lepra y sífilis han sido prácticamente erradicadas de
nuestro país, existen servicios y medicamentos muy eficaces para combatirlas.
Los quistes, verrugas y lunares son males menores de la piel que si llegan a
ser molestos, antiestéticos o peligrosos pueden ser removidos mediante cirugía
tradicional, criocirugía o láser, estos aparecen con frecuencia en la piel y muchas
personas acuden a los servicios de salud para eliminarlos.
La dermatitis
seborreica es la causa principal de que mi calvicie comenzara antes de los 40
años de edad, la otra cause es hereditaria. Es un hecho comprobado que lo único
que hasta ahora detiene la caída del cabello es el suelo, en todo caso se puede
disimular con bisoñés o la implantación de pelo, pero prefiero proteger del sol
la piel de la cabeza usando una gorra, que emplear cualquiera de esos
artificios. Como que ¨para todo pan hay mantequilla¨, la alopecia no me ha
traído limitaciones para ser aceptado por otras personas o encontrar pareja,
algunas damas la consideran varonil, quizás por eso se ha puesto de moda
¨pelarse al cero¨. Por otra parte, la calvicie tiene sus ventajas: no hay que
peinarse cuando bate el viento, ahorra champú y puede servir de punto de
referencia para localizar a alguien, pues en el cine he escuchado decir: ¨Ella
está sentada a tres lunetas a la derecha del calvo¨.
Los
problemas más molestos en mi piel aparecieron al arribar a la tercera edad, que
bien podría llamarse la tercera oportunidad, porque no todos llegan a ella.
Hace unos
7 años, permanecí entre septiembre y marzo en una ciudad de la costa
mediterránea española. Al llegar, los días eran similares a los de Cuba en
invierno: soleados, calurosos y las noches frescas. Las playas en esa zona permanecen
en verano repletas de turistas de toda Europa, confieso que solo me bañé en el
mar una vez porque el agua la sentía algo fría, nada que ver con la temperatura
cálida del mar Caribe. Llegó el otoño con sus lloviznas constantes. A medida que avanzaba el
invierno las lluvias disminuyeron, los vientos del noroeste en ocasiones resultaban
algo fuertes, el mar estaba muy movido y las temperaturas bajaban a los 10-11
grados centígrados de madrugada. En el apartamento donde residía no se utilizaba
la calefacción eléctrica porque los precios de esa energía habían subido a
niveles insoportables, entonces tenía que dormir bien abrigado y taparme con varias
frazadas. De repente se me presentó una picazón en las piernas y en la piel adiposa
alrededor de la cintura, que no me daba tregua. Acudí al médico de familia,
este que pensó que podía estar haciendo alergia a alguna flor o polvo
atmosférico y me indicó aplicarme una crema hidratante, usé varias, incluso
medicinales, pero logré poco alivio. No era posible achacar el malestar a
alergias a algunos alimentos, porque sus ingredientes y confección eran
similares a los tradicionales en Cuba. Me mantuve con el padecimiento hasta que
regresé a casa y en pocos días desapareció la picazón. Concluí entonces que haber
permanecido en un clima más seco y frío que el habitual fue la causa del picor.
Ya estando en Cuba, para soportar el calor
reinante andaba en bermudas y sandalias e intentando proteger la piel reseca de
las piernas usé crema hidratante de aloe. De pronto, la piel de los tobillos y
la parte superior de los pies comenzó a oscurecerse, acudí a la consulta
semanal de la dermatóloga de mi policlínica, quién opinó que el aloe bajo el
sol puede manchar la piel, me indicó aplicarme una crema medicinal y vestir pantalones
y medias para protegerme del sol. Seguí ese plan hasta que mejoré y el intenso calor
veraniego hizo insoportable usar dicha
indumentaria, por lo que volví a vestir como turista. En los años siguientes
apenas hubo frentes fríos y los inviernos se comportaron calurosos en Cuba. La
piel de las piernas continuó oscureciéndose de abajo arriba, lo achaqué al intenso
sol y a no utilizar cremas bloqueadoras pues son muy costosas, pero no tenía
escozor.
Habiendo pasado cinco años de tregua de mi anterior
dermatitis, a principios de noviembre de 2017 se me comenzaron a inflamar los
tobillos, mi médico de familia me indicó tomar una pastilla diaria de
hidroclorotiazida para combatir el edema, eliminando más líquido por la orina.
Simultáneamente comenzaron a salirme unas petequias y pequeñas postillas en los
tobillos y acudí de nuevo a la dermatóloga. Me indicó unas cremas medicinales,
descontinuar el uso de la tiazida porque era propensa a provocar alergia, tomar
diariamente vitamina C, usar medias elásticas durante todo el día excepto al dormir,
bañarme con agua no muy caliente, no emplear jabón, solo gel de baño.
Pocos días después, mi hija menor y su
esposo me invitaron a pasar el fin de año
en Toronto, hacía 5 años que no compartía con ellos. Acepté gustoso
porque era difícil que se me presentara de nuevo una oportunidad como esa,
aunque temía al tremendo frío que podía haber en la ciudad en esa época.
Viajamos a Toronto, al llegar al aeropuerto
la temperatura era de menos 16 grados Celsius, permaneció nevado los 7 días de
nuestra estancia. A pesar del hostil clima que nos obligó a abrigarnos
apropiadamente, visitamos a varios conocidos cubanos, paseamos por el acuario
bajo techo, las cataratas del Niágara, el centro de la ciudad y los alrededores
del lago Ontario, congelado parcialmente. Toronto es una urbe donde el 50 % de la
población son extranjeros, abundan los paquistaníes, chinos, japoneses y los
restoranes con comidas de esos países. Recibimos el año nuevo entre coterráneos
residentes allí en una fiesta amenizada por música cubana, la comida contratada
era hindú, extraordinariamente picante. Estando en Canadá continué cumpliendo
las indicaciones de la dermatóloga, pero al igual que en España me apareció la
picazón en el resto del cuerpo, quizá por el clima frío y seco, las
desacostumbradas comidas o por haber utilizado ropa nueva de invierno sin
lavarla previamente.
Sé que no debo rascarme, es peor porque se
irrita más la piel y arde cuando uno se baña, pero es difícil de evitar pues no
hay nada que alivie momentáneamente más que rascarse cuando la piel pica.
Parafraseando un versito popular podría decirse: ¨La sarna con gusto pica y si
te rascas, menos mortifica¨.
(continuará…)
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