El punto de vista del paciente de cirugía
Después de un par de meses sin
escribir en el blog debido a mis intensas y felices vacaciones de fin de año y
por haber estado concentrado mi cerebro en atenderme algunas dolencias corporales,
no me inspiraba a hacerlo. Hoy, ante la insistencia de alguno de amigos
lectores que extrañan mis escritos, me decidí a escribir sobre mis últimas experiencias
en una reciente cirugía.
Hace pocos días me operaron de
las encías en la zona de los incisivos de la mandíbula inferior comprendida
entre los dos caninos, por ambas caras. La operación consistió en remover el
sarro existente debajo de las encías, después de separarlas
quirúrgicamente, utilizando una punta de
ultrasonido y curetas para raspar los dientes hasta el hueso. Pido disculpas a
los especialistas en odontología por la descripción tan poco calificada de la
operación y no utilizar la enrevesada terminología que he escuchado durante los
tratamientos previos y la operación, pero que no conozco ni entiendo:
vestibular, sublingual, mesial, distal, colgajo, etc.
Un enfermo que esperaba junto
a mí para entrar a consulta me dijo un día que la palabra paciente era la mejor
definición imaginable para el enfermo que asiste al médico. Es cierto, hay que
tener mucha paciencia para esperar y someterse a investigaciones y tratamientos.
La operación duró una hora y cuarto y la espera previa tres horas, fui el tercero
en ser operado, cuando salí del salón de operaciones eran las tres de la tarde,
tenía un hambre feroz, faltaban dos pacientes más. Los cirujanos no salieron
del salón desde que entraron, no creo que hayan almorzado, quizá desayunaron
fuerte o merendaron. Hay que reconocer a nuestro personal médico y paramédico
las largas horas que trabajan, la vocación de servir a los demás y la alta
calificación que tienen producto del esfuerzo sostenido para superarse en sus
especialidades y preparar a los que comienzan.
Al llegar a la clínica dental
encontré a la primera operada aplicándose hielo en la cara, quejándose del
dolor. Coincidí con la que me antecedió cuando me vestían con ropa aséptica,
ella salía y traía la angustia dibujada en su rostro. Si yo hubiera sido una
persona aprensiva o inexperta en estos trajines hubiera salido corriendo al conocer
lo que me esperaba. Quizá para evitar angustias previas de los pacientes los
cirujanos tratan de minimizar las molestias y trastornos que produce cualquier
cirugía, no hablando de este asunto previamente. Escuché que el profesor de
periodoncia le decía a la joven que entraba al salón cuando yo salía que ¿cómo ella
pensaba irse a trabajar de inmediato después de operada? Quizá ella creía que la operación era algo así
como un simple empaste de una pieza. Ya debe haber aprendido que una cosa es
con guitarra y otra con violín.
En Cuba todos los hospitales,
policlínicas y clínicas dentales son docentes, es decir que simultanean el
servicio al paciente con la práctica docente de los estudiantes de medicina u
odontología. La operación la realizaron dos periodontólogas, una especialista de
mayor experiencia y una practicante extranjera bajo la supervisión del
profesor., este me dio los toques finales y realizó las suturas de las encías.
La practicante hizo la mayor parte del trabajo.
Después de que uno pasa el
sofocón, no en los días previos, le dan un papelito con las indicaciones
post-quirúrgicas de periodoncia, que a continuación transcribo literalmente:
1. Fomentos
fríos cada 15 minutos las primeras 24 horas.
2. MAÑANA:
Buches salinos 4 o 5 veces al día (1 litro de agua hervida con 1 cucharada de
sal).
3. No
acostarse hasta pasadas 6 horas de la operación.
4. Dipirona
una tableta cada 6 horas si dolor.
5. Dieta
blanda
6. Cuidar
el cemento quirúrgico, en caso de caída acudir al cuerpo de guardia para
colocar nuevamente.
7. Cepillado,
excepto zona intervenida quirúrgica.
NO DEBE
1. Fumar
2. Coger
calor
3. Hacer
ejercicios físicos en las primeras 72 horas
4. Ingerir
bebidas alcohólicas
La ignorancia del paciente,
previa a la operación me recuerda cuando hace alrededor de 40 años fui operado
de una bula de enfisema que me producía falta de aire cuando corría para
alcanzar el ómnibus o hacía ejercicios físicos. Era mi primera experiencia
quirúrgica, tenía unos 30 años y pensaba
que todo iba a ser fácil, que al día siguiente iba a estar en la sala del
hospital recuperándome. Aún no existía la cirugía de mínimo acceso. Para evitar
tropezar con la arteria pulmonar cercana al área a resecar y no provocar un
mayor derrame de sangre, el cirujano de altísimo prestigio y experiencia, me
extrajo el lóbulo superior de mi pulmón izquierdo y por ello permanecí una
semana en la sala de terapia intensiva, hasta que el otro lóbulo subió y ocupó la
cavidad que quedó vacía, conectado por dos mangueras a un aparato que por una
succionaba el aire y por la otra extraía la sangre y los residuos de la
operación. Cada 8 horas me radiografiaban los pulmones, me pinchaban un dedo
para hacer una gasometría y durante unos segundos tapaban la entrada de aire
del aparato para destupirlo y el chupón que me daba en el pulmón me hacía ver
las estrellas. Para remover las flemas acumuladas tenía que inflar un globo varias veces al día, en medio del
dolor de la herida y la costilla fracturada quirúrgicamente. Lo único
placentero de estar en aquél lugar era cuando la atractiva enfermera me bañaba
con unas toallas encima de la cama, era algo muy sexy. A la semana siguiente me
llevaron a la sala general en la que permanecí ingresado otra semana más
curándome la herida, que por desgracia se infectó. Cuando me dio de alta, el cirujano que me
operó, sabiendo que un pulmón no se opera todos los días, me dijo: Gracias por
haber contribuido a la práctica de la cirugía, a lo que le contesté si me
hubiera imaginado como iba a ser la recuperación, quizá no me hubiera
presentado a la operación. De todos modos le reconocí su trabajo y atenciones post operatorias porque gracias a esa
cirugía recuperé la capacidad pulmonar. El dolor en la zona operada duró varios
meses y fue peor cuando a los 15 días comencé a caminar para evitar quedarme
jorobado, incrementando la caminata diariamente 100 metros hasta llegar a un
kilómetro.
Por suerte las demás
operaciones a que he sido sometido han sido ambulatorias o de cirugía menor,
aunque no dejan de ser molestas y a veces dolorosas, pero necesarias para
mejorar mi estado de salud. Cuando es necesario ser operado, hay que asumirlo
sin remilgos, incluso existen personas que están dispuestas a soportar las
consecuencias de la cirugía estética, a veces de mayor envergadura, para
sentirse bien consigo mismos y con el espejo. Hay que reconocerles el ser
presumidos y valientes. Aunque todavía estoy en franca recuperación de la
operación de las encías, estoy pensando en someterme próximamente a una cirugía
menor para que me remuevan una verruga y un quiste sebáceo en el hombro, que me
molestan bastante. Total, si es de gratis y dispongo de tiempo libre suficiente.
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