Solo voy a hacer una pregunta

No hay nada más desconsolador que hacer una larga cola o fila para después enterarse que no había lo que se buscaba o se ¨terminó¨. Después de ¿quién es el último? y ¿detrás de quién va?, preguntas habituales para ¨marcar¨ su puesto en la cola, la expresión ¨solo voy a hacer una pregunta¨ se ha puesto de moda; los recién llegados se la dicen a los que esperan pacientemente para entrar a un establecimiento para que estos no se molesten cuando pasen a averiguar si lo que necesitan está en venta o si le pueden prestar el servicio que desea y no perder tiempo haciendo cola para enterarse.  La frase funciona como un ¨ábrete sésamo¨ pues generalmente los que están en la cola son comprensivos y no se molestan cuando el preguntante pasa, aunque hay que estar vigilantes porque algunos ¨vivos¨  la usan ¨colarse¨ delante de los llevan rato esperando, tratando de salir rápido de su gestión. A continuación expongo algunos casos que presencié donde estuvo involucrada la frase de marras.   
Galería Amazona, Calle 12 entre 23 y 25. Vedado. Sábado 25 de noviembre, 10 a.m.
Esta pequeño mercado de alimentos, bebidas y artículos de aseo tiene una empleada en la puerta que dosifica la entrada para que no haya aglomeración de clientes adentro, por eso casi siempre hay cola a la puerta; ella atiende también el guardabolsos, pero lo que más tiempo le ocupa es responder a aquellos ¨que solo van  a hacer una pregunta¨, por ejemplo, si hay papel higiénico, aceite de soya, salchichas, hamburguesas, queso u otros productos muy demandados. En la entrada la frasecita se repite hasta la saciedad y fuera innecesario utilizarla si en el cristal de la tienda hubiera una tablilla que anunciara los productos que tienen en oferta, pero las reglas del merchandising, que provienen de las sociedades de consumo, no lo han previsto. En todos los establecimientos pequeños sucede lo mismo.
Farmacia de 19 y 6. Viernes 17 de Noviembre, 9 a.m.
Muchos medicamentos han estado escaseando últimamente y el día posterior a que traen de la droguería el pedido semanal,  desde temprano se aglomeran decenas de personas haciendo la cola para ver si pueden conseguir la medicina que necesitan. La semana pasada antes de abrir pusieron una lista de los medicamentos recibidos, las personas se quedaban si lo que buscaban aparecía en la lista, de lo contrario se marchaban a esperar el próximo envío. La semana siguiente no pusieron la lista, según dijo una vendedora porque les había traído muchos problemas ¿?, entonces no le quedaba más remedio a los clientes que llegaban que preguntarle a los que estaban delante de la cola si sabían que habían traído tal medicamento, de lo contrario les decían: ¨solo voy a hacer una pregunta¨ y llegaban ante la vendedora más cercana a interrumpirla en la atención a un cliente averiguando por su medicamento, por lo que después de tantas personas haciendo las mismas preguntas, alguna que otra vendedora terminaba molestándose. Pero hay algunos que después que preguntan, no regresan al final de la cola, se quedan esperando que la vendedora termine con el cliente que está en el mostrador para ¨colarse¨, a veces con la complicidad de la vendedora y por supuesto, los que están delante arman la algarabía y exigen su derecho de antigüedad en la cola.
Clínica dental de 18 y 15. Viernes 24 de noviembre, 9 a.m.
Cuatro personas mayores esperan que abran el Departamento de Prótesis Dental, unos están citados, otros no porque vienen a reparar su prótesis y deben ser atendidos sin turno previo. De pronto llega un señor y dice que el ¨solo viene a hacer una pregunta¨ sobre un turno que tiene su esposa y se queda de pie frente a la puerta como un portero de futbol, para asegurar ser el primer atendido cuando llegue algún empleado. A los pocos minutos aparece una señora y dice que ¨solo viene  a hacer una pregunta¨ y uno de los que están sentados esperando, preocupado porque la cola de los preguntones creciera, le dice que si quiere hacer una pregunta debe ponerse en la cola. La señora se molesta y expresa en voz alta que no tiene por qué hacer la cola si solo viene a preguntar y por suerte, al final, atendiendo a su avanzada edad, la deja por imposible. Cuando aparece el protesista, los dos que vinieron a preguntar se le enciman para que los atiendan primero, inicialmente le aclara al señor la duda con respecto al turno, este se retira de inmediato y la señora que supuestamente solo venía a preguntar le dice que la prótesis que le preparó le molesta y se le cae y quiere que le resuelva su problema. El protesista, que parece que la conoce hace muchos años, le dice: mire mi vieja, ahora no la puede atender porque tengo otras personas citadas, la vieja insiste y el técnico le acaricia la cabeza y le dice que vuelva el lunes, pero insiste e insiste hasta que el hombre se rinde y le dice que pase y la atiende primero. ¡Y eso que solo venía a hacer una pregunta!
Ese día yo esperaba a ser atendido por el periodontólogo en la puerta de al lado, el caso que entró delante de mí se demoró mucho y me entretuve  escuchando aquellas personas en sus avatares con las prótesis dentales, la mayoría viejos. Había un señor sentado esperando que lo atendieran, ensimismado leyendo algún libro en una pequeña tableta, que se pasó todo el tiempo tosiendo  sin inmutarse, sin cambiar su postura ni tomar agua, como  si toser fuera tan normal como respirar. Dos personas de las que allí estaban comentaron  en voz baja que con ese ataque de tos no podrían tomarle la impresión o probarle una prótesis. En ese trance estuvo unos 40 minutos hasta que lo llamaron y entró al departamento de prótesis y todos nos quedamos de una pieza porque el hombre de pronto, dejó de toser. Una señora de las  presentes comentó que quizás fue una tos nerviosa causada por la larga espera. ¡Cosas veredes, Sancho!
En estas clínicas fabrican prótesis dentales de acrílico que cuestan 20 pesos y otras de acrílico y metal, que cuestan 40 pesos, todos los precios son subsidiados por el Estado. Producto de eso y del envejecimiento poblacional la demanda es muy alta y hay una lista de solicitudes previas para ser atendido y fabricarlas.
Una señora habló con el técnico para que le reparara la prótesis y este le preguntó si había traído el dientecito plástico que se le cayó y ella se lo entregó junto con los restos del artilugio. Eso me recordó lo sucedido a mi padre que una noche de verano al acostarse con la luz apagada,  se quitó la prótesis dental y al intentar ponerla en la mesita de noche tropezó con las paletas del viejo ventilador metálico que hacía años carecía de la malla de protección y el golpe desintegró la prótesis en pedazos, algunos de los dientes salieron disparados por la ventana del dormitorio y a esa hora tuvimos que dedicarnos a la búsqueda de tan preciados repuestos, bajo la luz de una linterna, para llevar la prótesis a reparar al día siguiente.
Si es cierto que es una suerte llegar a viejo, también conlleva dificultades, entre ellas, las relacionadas con las incómodas y frágiles prótesis dentales.

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