Anécdotas sobre traductores
Para
sostener una efectiva conversación entre personas que hablan distintos idiomas
el papel del traductor intérprete es fundamental. Si no se dispone de un buen
intérprete los resultados pueden ser funestos.
Como
parte de una delegación a la posteriormente extinta República Popular de
Hungría, había una cubana traductora de idioma
húngaro que solo fue útil para salir de compras, porque no dominaba los
términos técnicos utilizados en las conversaciones oficiales. El idioma húngaro
no es de raíz indoeuropea y sus vocablos y fonética, a pesar de utilizar
caracteres latinos, son muy peculiares, de ahí que era imposible a los
integrantes de la delegación comunicarse sin un buen intérprete, ni siquiera
entendían los carteles de los establecimientos que aparecían por donde pasaban.
Por suerte, entre los cubanos había uno que hablaba perfectamente el idioma
ruso y como muchos de los representantes húngaros eran graduados en la URSS, en
las conversaciones oficiales se pudieron entender en ruso y español.
Como
parte de una delegación a la posteriormente extinta República Popular de
Hungría, había una cubana traductora de idioma
húngaro que solo fue útil para salir de compras, porque no dominaba los
términos técnicos utilizados en las conversaciones oficiales. El idioma húngaro
no es de raíz indoeuropea y sus vocablos y fonética, a pesar de utilizar
caracteres latinos, son muy peculiares, de ahí que era imposible a los
integrantes de la delegación comunicarse sin un buen intérprete, ni siquiera
entendían los carteles de los establecimientos que aparecían por donde pasaban.
Por suerte, entre los cubanos había uno que hablaba perfectamente el idioma
ruso y como muchos de los representantes húngaros eran graduados en la URSS, en
las conversaciones oficiales se pudieron entender en ruso y español.
Traducir
conversaciones entre especialistas que hablan lenguas distintas en ramas
técnicas requiere que el intérprete esté familiarizado con los términos que
escucha y conozca el equivalente en el otro lenguaje. En muchas actividades los términos técnicos en español
son muy parecidos a las palabras en inglés y traducir es casi literal, pero
cuando la traducción se hace de otros idiomas al español puede haber
confusiones si no se conocen las palabras exactas a utilizar. Por ejemplo, en
inglés se dice ¨floating point¨ y en español utilizamos ¨punto flotante¨, para
referirse a una forma de notación científica usada en las
computadoras con la que se pueden representar números reales extremadamente
grandes y pequeños de una manera muy eficiente y compacta y con la que se
pueden realizar operaciones aritméticas.
En una
entidad donde frecuentemente se sostenían conversaciones con asesores
soviéticos, tenían excelentes intérpretes. Por cierto, uno de ellos
tartamudeaba en español y no en ruso, pero los cubanos lo entendían sin
dificultades. Si hubiera tartamudeado en ruso hubiera sido un pésimo intérprete
para los soviéticos. Una vez sostuvieron conversaciones con una delegación
soviética acerca de las características de una computadora que querían
adquirir, auxiliados por un intérprete hispano soviético, muy simpático por
cierto. En medio de la conversación, el ponente por la parte rusa utilizó el
término ¨plabauishaia zapitaia¨ (en español: punto flotante). El traductor se
quedó en babia. La palabra rusa zapitaia, que significa coma, la conocía
perfectamente, pero en ruso plabauishaia proviene del verbo ¨plabat¨, que puede
significar nadar o flotar y no atinaba qué traducir. El traductor dijo lo
siguiente: este señor está hablando de una coma que nada, pero me parece un
disparate, no entiendo.
Durante
una visita a una región de Uzbekistán, el funcionario que atendió a un grupo de
cubanos les explicó que con el
desarrollo que estaban fomentando aspiraban a alcanzar el cuerno de la
abundancia. Todos se quedaron atónitos porque el intérprete tradujo que con los
esfuerzos que estaban haciendo obtendrían abundantes cuernos.
Las
palabras transpuestas han sido objeto de múltiples chistes de la serie. ¨No es
lo mismo¨, que no repito por respeto a los lectores.
Cuando
Ud. visita otro país, si no conoce el idioma o lleva un intérprete que lo
auxilie puede tener dificultades, no siempre hablar por señas lo ayudará. Pero
a veces se tiene suerte y se sale adelante.
Unos
cubanos fueron a una misión de cooperación a Vietnam y querían comprar leche en
un mercado, como no hablaban la lengua vietnamita pidieron Milk (leche en
inglés) en el mostrador. La empleada no entendió ni jota y acto seguido le
pidieron Malakó (leche en ruso). Como se dieron cuenta de que la empleada
tampoco entendió, comentaron: no podremos comprar porque no sabemos cómo se dice
leche en vietnamita. De inmediato la empleada les dijo: ¡Ah, leche!, si lo
hubieran dicho en español desde el principio los hubiera entendido, yo estudié
en Cuba.
Otro
caso similar fue el de dos cubanos que estando en París fueron a una tienda y uno
de ellos pidió un producto hablando en español, la empleada que estaba en el
mostrador no le entendió y se retiró hasta el fondo de la tienda. Uno de los
cubanos le dice al otro: ¡Tú eres bobo, aquí solo hablan francés! Y el otro le
responde: si quieren venderme van a resolver ese problema. Acto seguido se
apareció una empleada que hablaba español.
Un
cubano llegó al aeropuerto de Arlanda cerca de Estocolmo para asistir a un
curso que se impartía en inglés. Los organizadores le habían indicado que
existían ómnibus que llevaban desde el aeropuerto hacia esa ciudad y eran menos
costosos que tomar un taxi. Además le informaron que en Suecia la mayoría de
los habitantes estudiaban inglés desde la escuela primaria como segunda lengua,
por lo que no tendría dificultades para preguntar en inglés qué ómnibus tomar.
Le preguntó a una señora mayor dónde paraba el ómnibus para la ciudad y esta le
indicó el lugar. Cuando llegó el ómnibus, entró con su maleta y se sentó, como
a los 10 minutos se percató de que este prestaba servicio pasando por todos los
parqueos situados alrededor del aeropuerto y al finalizar el viaje lo dejó en
el mismo lugar en que había montado, sin pagar un centavo. Al segundo intento
logró hallar una persona que entendió lo que él
necesitaba y pudo tomar el ómnibus deseado.
A
propósito del tema, algo insólito le
ocurrió a una cubana intérprete de idioma inglés que acompañó a una delegación
ministerial a Canadá. La dirección de relaciones internacionales de esa entidad
disponía de algunos abrigos que prestaba a los viajeros que viajaban a países
de clima templado durante el invierno. Los abrigos los mantenían controlados
contablemente con categoría de Útil auxiliándose de un registro que era firmado
por el viajero al recibirlo y devolverlo. A cada abrigo se le asignó un número
de inventario como a cualquier inmueble. Pero dicho número no lo estamparon por
dentro del abrigo como antaño acostumbraban a hacer los chinos en los trenes de
lavado para identificar al dueño de la ropa que recibían, sino en una etiqueta
en el frente del abrigo como lo llevan en sus camisas los presos en algunos
países. Cuando recibió el abrigo y se lo probó se dio cuenta de dicha
barbaridad y protestó, pero le dijeron que eso era lo establecido y, como
estaba a punto de salir de viaje no le quedó más remedio que llevarlo y andar
para todas partes ocultando el numerito con el bolso de mano frente al pecho.
Esa
forma de mostrar a simple vista y con grandes caracteres manuscritos el número
de inventario lo establecieron los departamentos de contabilidad para facilitar
la comprobación periódica del inventario de activos fijos y se mantiene en
algunos lugares, recientemente mostraron por televisión un documental sobre el
ensayo de un grupo de jóvenes músicos en un conservatorio, en el que podía
apreciarse a simple vista el número escrito con pintura a un costado del piano.
¡Qué barbaridad! El control es necesario, pero no hay que atentar contra el
buen gusto.
Volviendo
al uso del idioma, algunos locutores y comentaristas cubanos
deberían documentarse un poco con respecto a la pronunciación de algunas
palabras y nombres extranjeros de origen francés de uso frecuente en los
noticieros, prix (premio, competición),
que se pronuncia pri, sin la equis o Chopin, que se pronuncia Chopán. No debieran
hacerle caso a la guaracha de David Álvarez que alega que entonces Chapottín, apellido
del famoso músico cubano, debía decirse Chapotán. El apellido de la candidata a
la presidencia de Francia Marie Le Pen, en francés no se pronuncia ni pan ni
pon, como algunos dicen erróneamente sino pœn, un sonido
intermedio entre o y e, pero si no pueden pronunciarlo así sonaría mejor que lo
dijeran como si fuera en español, simplemente: Le Pen. No cuesta ningún trabajo
preguntar previamente a alguien más avezado en otro idioma como se podría pronunciar
cada nombre o palabra extranjeros que se vean obligados a mencionar con
frecuencia en español como parte de sus funciones.
No debieran
hacer como mi abuelo catalán que criticaba algunos términos franceses difíciles
de pronunciar y repetía los siguientes versos:
-Que al
pan le digan pen y al vino le digan ven, está bien,
-Pero
que el sombrero le digan chapó (chapeaux),
-Y a la
mesa tabló (tableaux),
-¡La
madre que los parió!
Los
narradores de eventos deportivos internacionales tales como olimpiadas,
campeonatos mundiales, partidos de fútbol y beisbol en idioma español, aparte
de ser conocedores del deporte en cuestión, no se sabe cómo se las arreglan,
pero pronuncian correctamente los nombres y apellidos de todos los deportistas y
árbitros que provienen de países con idiomas diversos y a veces difíciles de
decir en español. Alguien que no alcance ese nivel de profesionalismo podría
alegar que lo hacen muy bien porque les pagan más, pero creo que es al revés,
por eso es que los contratan.
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