A los desarrolladores de software y hardware del país

Al salir de visitar un amigo en un hospital, me abordó un paciente allí ingresado quién me rogó encarecidamente que hiciera llegar una carta a alguna institución de investigación especializada en teléfonos celulares. Como no soy especialista en el tema y no conozco a ninguna persona que trabaje en esa actividad, decidí digitalizarla y colgarla en mi blog por si algún lector puede darle curso a quién corresponda. La carta dice lo siguiente:
¨Estimados colegas:
Para beneplácito de aquellos padres cuyos hijos mantienen una conducta formal que deja mucho que desear y no hallan la forma en que mejore, sería muy beneficioso que algunos desarrolladores de equipos electrónicos y software del país proyectaran y crearan un artefacto para adicionarlo a los teléfonos celulares que disponen de sistema Android,  de modo que al recibir una señal sonora entrante, el equipo active  y emita un sonido de alarma si detecta:
·         Voces cuya intensidad rebase una determinada cantidad de decibeles
·         Malas palabras
·         Palabras o frases que denoten desobediencia y negación (por ejemplo: no me da la gana)
El dispositivo debería sensar la intensidad y realizar el reconocimiento de la voz del portador del celular, convertir el sonido captado a un texto en un formato digital, compararlo con las malas palabras y frases contenidas en un diccionario residente cargadas previamente en memoria y en caso de sobrepasar el umbral aceptable de sonido o coincidir con alguna palabra o frase inadecuada grabada,  haría que el celular emita un sonido estridente, que al ser escuchado por maestros y personas mayores pudiera generar que estos reaccionen llamando la atención al joven. El software debería dejar un rastro sobre la frecuencia de detección de esas malas conductas para que los padres puedan consultarlo frecuentemente y tomen medidas al respecto. En el proceso de su instalación inicial, se introduciría una clave personal de alguno de los padres y el software se activaría automáticamente  cuando se encienda el celular.
Otra facilidad que se pudiera adicionar sería el control de las horas límite de estancia de los adolescentes fuera de casa, en algunos países llamado ¨toque de queda¨. Se cargaría la fecha de nacimiento del joven y el programa compararía el día y la hora registrada por el reloj del celular con una tabla cargada inicialmente con los datos personalizados aportados por los padres sobre la hora en que este debería regresar a casa, diferenciando según la edad y época del año, los días lectivos y no lectivos. El celular serviría de alarma emitiendo un sonido estridente siempre que no se teclee la clave de desconexión que solo  conocerán los padres o tutores, viéndose obligado el joven a regresar rápidamente a su casa para desconectar el pitido o antes de llegada la hora límite. Pudiera objetarse que para salirse con la suya el joven se deshaga del celular o lo destruya, pero perdería la posibilidad de usarlo más adelante para recibir las tan ansiadas llamadas de amigos y amigas, novias o novios, escuchar música y emplear juegos electrónicos, aparte de la bronca que le echarían los padres y los castigos que le impondrían. En caso de apagarlo o desconectar la pila y volverla a poner, al encenderse el celular el programa dejaría un rastro en la memoria que permitiría identificar la hora y fecha en que se realizó dicha acción. Claro que para evitar el control de los padres al joven le quedaría el recurso de ¨olvidar¨ llevar consigo el celular al salir de casa, debiendo estos  cerciorarse de que lo haga  al igual lo hacen con el uniforme, las libretas y libros cuando va a la escuela. Otra opción adicional a medida que se extiende el servicio de internet a los teléfonos celulares, sería la consulta desde el móvil de algunos de los padres sobre la ubicación del hijo, a través del GPS, para saber si está en la escuela u otro lugar autorizado o se ha escapado del control. Eso no es nada complejo, lo utiliza la policía en todas las películas y seriales.
La materialización de esta ideas pudiera resultar muy promisoria para aquellos padres que no han logrado que la conducta de sus hijos adolescentes mejore y que su educación formal deja mucho que desear, a pesar de los esfuerzos realizados en el seno familiar y en la escuela, al parecer debido al contagio con los malos ejemplos que observan diariamente en otros  muchachos cuando no  están presentes los padres o los maestros. Con estas medidas no se buscaría  contrarrestar el abuso de palabras propias de la jerga que los adolescentes utilizan para comunicarse entre ellos, se trataría de combatir el lenguaje soez y chabacano.
Seguro que muchos educadores y sicólogos objetarán el uso de tal artefacto partiendo de que es tarea ineludible de la familia y la escuela la correcta educación de los hijos, pero no se puede desconocer que algunos de los padres que no fueron debidamente formados cuando niños y jóvenes y que constituyen un mal ejemplo, reproducen en los hijos las malas conductas, creándose un  círculo vicioso interminable, por lo que sería procedente aplicar cualquier medida para evitar que ese fenómeno se reproduzca. Aunque no es la única solución, un dispositivo similar quizá pueda contribuir a paliar el mal, actuando como ¨vigilante¨ o ¨domador.
Ahora viene la parte mala. Si la idea tuviera éxito y el artefacto saliera al mercado en Cuba, a la mayoría de los padres cubanos lo primero que les preocuparía sería que para resarcirse del gasto en investigación y desarrollo, de producción, obtener utilidades y cubrir  el impuesto sobre las ventas, el precio que se pretenda cobrar por el producto no esté en correspondencia con el poder adquisitivo de muchos de ellos y seguro que pedirían que este no supere el de las ofertas especiales de recarga que hoy se realizan por la empresa telefónica o de lo contrario, que el Presupuesto del Estado subsidie el producto para bajar sus precios. No he podido sacar cuentas al respecto porque desconozco  cuantas de las 4  millones de líneas de teléfonos móviles que existen en Cuba son utilizadas por niños y jóvenes. Pero su uso se puede extender a las personas mayores que lo deseen para mejorar el uso del idioma  al señalarles los errores que cometen cuando pronuncian incorrectamente determinadas palabras devolviéndole la pronunciación correcta por la bocina,  por ejemplo: algunos dicen despretigio, en lugar de  ¨desprestigio¨, Grabiel, en lugar de ¨Gabriel¨, suidad, en lugar de ¨ciudad¨.
De todos modos, si se logra que la idea sea técnicamente viable, el éxito económico  estará asegurado ya que el producto podría exportarse con sus instrucciones y mensajes en otros idiomas, los problemas de conducta de los adolescentes y de hablar incorrecto en cualquier parte son similares y ello sería una nueva fuente de ingresos en divisas del país.
Las posibilidades de la informatización y de la ciencia son infinitas. Las ideas de Julio Verne fueron tildadas de utópicas o de ciencia ficción en el siglo XIX, sin embargo mucho de lo que el imaginó posteriormente se hizo realidad, aparte de que alcanzaron gran receptividad porque sus libros han sido de los más leídos en todos los tiempos. En el lugar en que me encuentro, aunque está cerca de instalaciones de la industria electrónica, no existe ningún laboratorio donde yo pueda llevar a la práctica las mencionadas ideas y a los pacientes de este hospital que requieren estar en un ambiente tranquilo y sin ruidos no se les permite utilizar teléfonos celulares para no empeorar su salud.
Les ruego que garanticen la confidencialidad de mi propuesta y le den la máxima prioridad al desarrollo del producto que les propongo, la competencia en esa esfera es muy fuerte y si llega a oídos de alguna compañía extranjera que se dedica a fabricar teléfonos móviles o software para estos, no tardarán en ponerlo en el mercado y perderíamos la oportunidad de obtener ingresos con este nuevo ¨valor agregado¨.
En espera de su atención,  
Ingeniero Pedro To Stao
Hospital Psiquiátrico de La Habana, 29 de julio de 2017.

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