Mi dilema como escritor ¨novel¨
Nací y residí hasta la adolescencia en San Antonio de los Baños. En 1963
ingresé en la Universidad de La Habana como becario en la Licenciatura en
Economía, estando en el tercer año lectivo mi familia se mudó para la capital
del país debido al traslado laboral de mi padre, me casé y comencé a trabajar,
simultaneando con los estudios. Por lo tanto, parafraseando la canción de mi
coterráneo Silvio Rodríguez, guajirito fui.
Pasé muchos años de mi vida profesional laborando en varias instituciones
estatales, los penúltimos diez años me desempeñé como consultor y los
últimos seis impartiendo clases sobre gestión empresarial y de pequeños
negocios. Al jubilarme decidí invertir la mayor parte de mi tiempo libre en
escribir sobre asuntos más ligeros pero de vez en cuando se me salen las
orejas por encima del sombrero y no puedo evitar tratar temas de índole
económica. Nunca tuve tiempo ni inclinaciones para la literatura, aunque escribí
varias decenas de cartas e informes que me permitieron practicar hasta la
saciedad la redacción de textos, esa habilidad adquirida a fuerza de repetir es
poco aprovechable para comenzar en el mundo literario, porque los informes
relativos a la economía, para ser más comprensibles, concretos y breves deben
carecer de dramaturgia o de florituras. Si hubiera estudiado periodismo o letras
todo sería más fácil, por suerte mi primer jefe, que era insoportable, a fuerza de
tachar y enmendar los documentos que presentaba a su consideración me
inculcó el arte de la buena redacción, de la que desgraciadamente muchos
profesionales adolecen. La buena ortografía se la agradezco a mi maestra de
primaria María Isabel Valdés, ya fallecida. Lo que se aprende bien cuando niño
o de joven, como montar en bicicleta, nunca se olvida.
Según la falsa filósofa Cuquita la Mora: la cultura no tiene momento fijo y,
modestia aparte, tengo otros factores a favor para introducirme en el mundo de
la literatura ligera, costumbrista o humorística: cosas que contar por las
experiencias vividas (más sabe el diablo por viejo…), tiempo libre para escribir,
una laptop de segunda mano y herencia cultural. Sobre esto último debo
aclarar que quizás porque mis cuatro abuelos eran españoles y dos de ellos
andaluces (es conocido que la chanza es tradicional en esa región de España)
y que el ambiente del poblado donde crecí me contagió, me complace relatar
anécdotas y situaciones de corte humorístico. Aunque dicen que los cubanos
nos reímos hasta de nuestras desgracias, no todas las personas tienen
capacidad para encontrar lo chistoso en las cosas que suceden, esa cualidad la
trasmiten gratuitamente los ariguanabenses, gentilicio difícil de pronunciar
correspondiente a los habitantes del pueblo que atraviesa el río Ariguanabo,
quizá sus aguas contienen alguna sustancia que contribuye a ello.
En la vida de las personas se crean situaciones que al conocerlas provocan
risas o sonrisas o pueden hacernos reflexionar, a veces algunos toman
decisiones un tanto riesgosas cuyas consecuencias no siempre son del todo
satisfactorias y puede resultar útil conocerlas para no repetirlas o para imitar a
los audaces, todo depende del criterio del lector.
Excepto los guiones preparados por los humoristas para sus presentaciones en
algunos teatros, discotecas y unos pocos programas de televisión y radio,
escasean los escritores de literatura costumbrista y humorística y lo publicado
casi siempre se refiere al pasado, muy pocos tratan temas contemporáneos.
Hacer humorismo sobre lo que sucedía antes del triunfo de la Revolución
contribuye a la educación social de las generaciones que no conocieron las
injusticias y vicios de épocas anteriores y es mucho menos controvertido
porque cuando se habla del pasado las personas involucradas en los hechos a
los que el escritor se refiere ya no están y puede que queden pocos familiares
o fanáticos que se sientan molestos u ofendidos por lo relatado o algunos
conocedores del asunto que puedan refutar o desmentir las situaciones
narradas.
En tiempos pasados muchas anécdotas y chistes populares tenían como
blanco principal el color de la piel, el lugar de nacimiento, el género femenino,
los defectos físicos y mentales o las preferencias sexuales de algunas
personas, lo que al menos en los medios de comunicación masivos, ha sido
afortunadamente superado gracias a la exigencia de los asesores que
aprueban y censuran los guiones. Los humoristas rezan porque los gordos o
los flacos no se organicen para la defensa de sus derechos, aunque les quedan
a mano los corruptos, burócratas, delincuentes, también los ¨vivos¨, tontos,
ineptos, feos y calvos. Por suerte para los humoristas estos últimos no han
encontrado remedio para su mal, excepto el bisoñé, que en la mayoría de los
casos, más que ocultar la falta de cabello despierta la sospecha y al final la
resalta. Si no se puede tapar el sol con un dedo, mucho menos la calvicie con
un bisoñé. No vivimos en una sociedad perfecta, existen innumerables situaciones y sucesos que debieran ser criticados o satirizados con mayor frecuencia en los medios, no solo en los teatros o discotecas como hacen muchos actores humorísticos para ganarse la vida. Cuando usted sale a la calle se encuentra cosas insólitas y aparecen personas cuyo comportamiento o criterios dejan mucho que desear. Ese asunto del criterio resulta complicado desentrañarlo, creo que depende de la educación familiar y el ambiente en que las personas han vivido. Hace unos días escuché a dos mujeres diciendo en voz alta que la Feria del Libro del 2017 en la Fortaleza de la Cabaña era una basura porque no había cerveza ni ron. Como diría Chivichana: ¡Le zumba el merequetén! Una amiga aseveraba que las personas de la tercera edad se vuelven ¨irreverentes¨ y no tienen pelos en la lengua, quizá sea que porque tienen el final del viaje más cercano y no mucho que perder, ni siquiera la ¨chequera¨. Como estoy en esa situación, no siento temor en abordar temas riesgosos o de narrar anécdotas que pueden resultar simpáticas e incluso tristes, con el ánimo de hacernos reflexionar y en algunos casos de satirizar sobre situaciones que deberían cambiar. Quizá algunos de los mis relatos parezcan ficticios, pero casi siempre la realidad supera a la ficción. Como que todos son hechos reales, he tratado de no revelar algunos detalles para evitar malas interpretaciones y consecuencias negativas que el conocimiento público de lo narrado pudiera traer a otras personas, sin recurrir al cartelito de ¨Cualquier parecido con hechos reales es pura coincidencia¨. Algunos pueden ser clasificados como cuentos, crónicas, monólogos, otros una colección de anécdotas agrupadas según un tema común y por último algunas reflexiones sobre problemas que nos afectan a muchos en la actualidad. Sembré cientos de árboles en el llamado Cordón de La Habana, he leído muchos libros, tengo dos hijas y dos nietos y con estas cosas que escribo creo que sobre cumplí lo que Martí dijo que debía hacer un hombre digno, es decir sembrar un árbol, tener un hijo y leer un libro. El reto que tengo ante mí es enorme, a esta literatura llamada por algunos ¨menor¨ le pasa como al cuentapropismo, no les cae bien a algunos funcionarios y directivos, además hay muchísimos poetas, escritores de cuentos, novelas, libros infantiles y de ciencias sociales y como los recursos para adquirir insumos por las editoriales son reducidos, solo se imprimen temas que se consideran más serios e importantes, incluyendo aquellos a los que los humoristas clasifican como ¨metatranca¨, no por su contundencia o carácter erótico, sino por ser menos digeribles por el gran público. Reconozco que estoy ya pasadito de años y que en esta tarea el oficio se adquiere con el transcurso del tiempo y no puedo aspirar a ser un escritor reconocido. Me conformo con que algunas personas lean lo que aparecerán en este blog y les agrade. En el peor de los casos lo publicado quedaría como mi testamento literario y a lo mejor dentro de muchos de años alguien reconoce que era publicable en formato de papel y se convierte en un ¨boom literario¨ póstumo. Espero que no me pase como al personaje del cuento Matar a
Eduardo del Llano, de Otto Ortiz si presento algún relato a algún concurso humorístico. Como en cualquier emprendimiento (palabrita de moda que algunos denuestan), podré tener éxito o no, los lectores y no el terreno, el tabloncillo o el colchón, como constantemente repiten algunos deportistas y periodistas deportivos, tienen la última palabra. Ojalá les agrade, de lo contrario sean indulgentes, tengan en cuenta que he dado lo mejor de mí como también afirman ellos cuando los entrevistan. Debo agradecer la colaboración recibida de mi hermana Himilce y mis amigos Horacio Perdomo, recientemente fallecido, e Iván Marrero en la recopilación de hechos y anécdotas y la revisión de los textos que serán publicados en el blog y a Jessica San Román por preparar la mayoría de las ilustraciones. Manuel Arnau Parrado 19 de julio de 2017.
un bisoñé. No vivimos en una sociedad perfecta, existen innumerables situaciones y sucesos que debieran ser criticados o satirizados con mayor frecuencia en los medios, no solo en los teatros o discotecas como hacen muchos actores humorísticos para ganarse la vida. Cuando usted sale a la calle se encuentra cosas insólitas y aparecen personas cuyo comportamiento o criterios dejan mucho que desear. Ese asunto del criterio resulta complicado desentrañarlo, creo que depende de la educación familiar y el ambiente en que las personas han vivido. Hace unos días escuché a dos mujeres diciendo en voz alta que la Feria del Libro del 2017 en la Fortaleza de la Cabaña era una basura porque no había cerveza ni ron. Como diría Chivichana: ¡Le zumba el merequetén! Una amiga aseveraba que las personas de la tercera edad se vuelven ¨irreverentes¨ y no tienen pelos en la lengua, quizá sea que porque tienen el final del viaje más cercano y no mucho que perder, ni siquiera la ¨chequera¨. Como estoy en esa situación, no siento temor en abordar temas riesgosos o de narrar anécdotas que pueden resultar simpáticas e incluso tristes, con el ánimo de hacernos reflexionar y en algunos casos de satirizar sobre situaciones que deberían cambiar. Quizá algunos de los mis relatos parezcan ficticios, pero casi siempre la realidad supera a la ficción. Como que todos son hechos reales, he tratado de no revelar algunos detalles para evitar malas interpretaciones y consecuencias negativas que el conocimiento público de lo narrado pudiera traer a otras personas, sin recurrir al cartelito de ¨Cualquier parecido con hechos reales es pura coincidencia¨. Algunos pueden ser clasificados como cuentos, crónicas, monólogos, otros una colección de anécdotas agrupadas según un tema común y por último algunas reflexiones sobre problemas que nos afectan a muchos en la actualidad. Sembré cientos de árboles en el llamado Cordón de La Habana, he leído muchos libros, tengo dos hijas y dos nietos y con estas cosas que escribo creo que sobre cumplí lo que Martí dijo que debía hacer un hombre digno, es decir sembrar un árbol, tener un hijo y leer un libro. El reto que tengo ante mí es enorme, a esta literatura llamada por algunos ¨menor¨ le pasa como al cuentapropismo, no les cae bien a algunos funcionarios y directivos, además hay muchísimos poetas, escritores de cuentos, novelas, libros infantiles y de ciencias sociales y como los recursos para adquirir insumos por las editoriales son reducidos, solo se imprimen temas que se consideran más serios e importantes, incluyendo aquellos a los que los humoristas clasifican como ¨metatranca¨, no por su contundencia o carácter erótico, sino por ser menos digeribles por el gran público. Reconozco que estoy ya pasadito de años y que en esta tarea el oficio se adquiere con el transcurso del tiempo y no puedo aspirar a ser un escritor reconocido. Me conformo con que algunas personas lean lo que aparecerán en este blog y les agrade. En el peor de los casos lo publicado quedaría como mi testamento literario y a lo mejor dentro de muchos de años alguien reconoce que era publicable en formato de papel y se convierte en un ¨boom literario¨ póstumo. Espero que no me pase como al personaje del cuento Matar a
Eduardo del Llano, de Otto Ortiz si presento algún relato a algún concurso humorístico. Como en cualquier emprendimiento (palabrita de moda que algunos denuestan), podré tener éxito o no, los lectores y no el terreno, el tabloncillo o el colchón, como constantemente repiten algunos deportistas y periodistas deportivos, tienen la última palabra. Ojalá les agrade, de lo contrario sean indulgentes, tengan en cuenta que he dado lo mejor de mí como también afirman ellos cuando los entrevistan. Debo agradecer la colaboración recibida de mi hermana Himilce y mis amigos Horacio Perdomo, recientemente fallecido, e Iván Marrero en la recopilación de hechos y anécdotas y la revisión de los textos que serán publicados en el blog y a Jessica San Román por preparar la mayoría de las ilustraciones. Manuel Arnau Parrado 19 de julio de 2017.
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